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Licencias obligatorias sobre medicamentos: el resquicio de la OMC sobre ADPIC

5 May

¿Durante cuántos años debería cobrar un cantante o discográfica por una canción? ¿Un arquitecto debería “patentar” un edificio y estar recibiendo dinero por él hasta mucho tiempo después de su construcción? ¿Y los cuadros, son patentables, especialmente si se colocan en un lugar público? Igual los pintores deberían ser remunerados más allá del precio de venta de la pintura en sí…

Todas estas cuestiones sobre propiedad intelectual, que a veces en los países desarrollados son simplemente fastidiosas, se vuelven especialmente sangrantes si nos trasladamos a países en vías de desarrollo y hablamos de medicamentos y patentes. Debido a la patente, un medicamento tiene un precio elevado durante los veinte años de duración de ésta, haciéndose inaccesible para millones de personas en los países más empobrecidos.

Y aquí es donde entra en juego la licencia obligatoria. De primeras, veamos la definición que aparece en el glosario de términos de la OMC (Organización Mundial del Comercio): una licencia obligatoria (en adelante LO) es “aplicable a las patentes cuando las autoridades conceden licencia a empresas o personas distintas del titular de la patente para usar los derechos de la patente — fabricar, usar, vender o importar un producto protegido por una patente (es decir, un producto patentado o un producto fabricado por un procedimiento patentado) — sin el permiso del titular de la patente. Permitido en el marco del Acuerdo sobre los ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) a condición de que se cumplan ciertos procedimientos y condiciones”. Es decir, que gracias a la LO se puede fabricar un producto patentado sin la autorización de su titular, y esto puede hacerlo el gobierno de cualquier país. Como se hace evidente, si un país pobre adopta una LO la relación de fuerzas Estado-multinacional farmacéutica da un vuelco.

Como leemos en la página de la OMC, para solicitar una LO previamente se ha tenido que negociar con el propietario de la patente una licencia voluntaria. Cuando no hay acuerdo, es cuando puede emitirse la LO. Entonces el titular de la patente tiene que recibir una especie de pago compensatorio, que no está fijada por ADPIC. De hecho, ni siquiera es necesario que el propietario la juzgue adecuada: la decide el gobierno y se acabó. A cambio, la LO no se concede en exclusiva al gobierno, sino que el titular de la patente puede seguir fabricando el producto. Por cierto, tampoco hace falta que un país se encuentre en estado de emergencia sanitaria para pedir una LO, sino que puede decidir libremente los motivos por los que considera que es necesario.

Seguro que llegados a este punto ya estamos bastante perplejos. ¿Cómo la OMC, que protege los intereses comerciales y no los sanitarios, permite algo tan “perjudicial”? (O tan sensato, viéndolo desde el punto de vista coherente). ¿Fue  de motu propio? Pues no, se logró en la cumbre ministerial de la OMC en Qatar (2001), de donde surgió la “Declaración de Doha sobre ADPIC y Salud Pública”, gracias a la presión de los dirigentes y representantes de los países en vías de desarrollo, así como al apoyo de organizaciones como Médicos sin Fronteras o Health Action International. En esta declaración se reconoció por primera vez que los gobiernos tienen todo el derecho a pasar de las patentes y a fabricar medicamentos genéricos más baratos en aras de la protección de la Salud Pública. Casi nada.

A pesar de ello, la industria farmacéutica rabia y patalea cuando se intenta aplicar una LO aunque ésta sea totalmente legal, como sucedió en Brasil en 2007, cuando se emitió una LO para efavirenz, un medicamento para el SIDA. Merck intentó recurrirla, pero por suerte al final se dio la razón al gobierno de Lula da Silva. Desde entonces, otros países como Tailandia y Ecuador también han utilizado las licencias obligatorias. Y la India se ha convertido en un país bastante odiado por fabricar medicamentos genéricos que luego se distribuyen en los países pobres a un precio sensiblemente más bajo que los medicamentos “de marca”; viéndose envuelta en demandas como ésta, interpuesta por Novartis (que afortunadamente perdió el caso).

Y  sin embargo, hoy en día la industria farmacéutica y EE.UU siguen presionando y tratando de intimidar a los países pobres para que no emitan LO (pero luego EE.UU sí se permite emitirlas para productos de uso militar, como gafas protectoras o ingenios de camuflaje… ay, estos pistoleros). Y, por cierto, los países miembros de la UE (entre ellos España, claro) anunciaron a la OMC, amablemente, que voluntariamente no utilizarían la LO importando medicamentos genéricos de otros países (como India, por ejemplo). Absurdo. ¿Sabéis lo carísimos que son los medicamentos que se dispensan en los hospitales, como antirretrovirales, anticuerpos monoclonales y medicamentos para el cáncer? Adquirirlos a golpe de licencia obligatoria supondría un ahorro bestial para el Estado, que vendría genial en estos tiempos de crisis. Pero no, no se vayan a enfadar los amiguitos estadounidenses…

Recapitulando: no es ético dejar que muera gente y que se arruinen Estados en aras de la propiedad intelectual de unos cuantos (y esos cuantos son multimillonarios, recordemos). El espíritu científico y sanitario debe ser algo totalmente opuesto; y ahora recuerdo a Marie Curie y a su negativa de patentar sus investigaciones sobre el radio, sobre todo una vez que se descubrió que tenía uso médico. Lo que vivimos es un ejemplo más del capitalismo salvaje en el que estamos inmersos,  que si no lo frenamos irá acelerándose cada vez más. De momento, y aunque sea un logro humilde y no debamos conformarnos con eso, en la LO tenemos una herramienta útil para la salud (y la economía) de los pueblos. Aprovechémosla.

Enfermedades olvidadas: la leishmaniosis

17 Feb

Mientras que en el primer mundo las campañas del terror nos hacen luchar contra enfermedades que más tarde se ha visto que no son tan importantes (véase el caso de la gripe A el pasado invierno), en el tercero la gente muere diariamente a causa de enfermedades que son muy reales. Son dolencias que no aparecen en los medios de comunicación pese a cobrarse la vida de miles de personas cada año, y a las que por supuesto las industrias farmacéuticas no dedican grandes sumas de dinero en investigación. Una de estas enfermedades es la leishmaniosis (también conocida como leishmaniasis).

Se han descrito casos de leishmaniosis en casi todos los continentes, excepto en Australia y en la Antártida. La leishmaniosis del Nuevo Mundo afecta sobre todo a los países latinoamericanos, y la del Viejo Mundo a países de Europa, África y Asia. La enfermedad es endémica en numerosos países de la cuenca mediterránea, entre ellos España. Por supuesto, se cumple respetuosamente el binomio enfermedad-pobreza, así que países endémicos como el nuestro no se ven muy afectados.

¿Qué es y cómo se manifiesta?

La leishmaniosis es una enfermedad que afecta tanto a personas como a animales (perros, gatos) y que está provocada por un protozoo parásito llamado Leishmania. Existen diferentes especies de este parásito: en nuestro país predomina Leishmania infantum. Es una enfermedad vectorial, es decir, se transmite a través de la picadura de un vector, que en este caso es un mosquito denominado flebótomo. Por tanto, el contagio se da única y exclusivamente si el flebótomo pica a personas infectadas y luego a personas sanas, aunque también puede ocurrir con transfusiones de sangre, compartiendo jeringuillas, etc.

Leishmanisis cutánea

Existen diferentes formas clínicas de la enfermedad, en función de la especie de Leishmania involucrada (aunque también parecer ser que influye la respuesta inmune del hospedador, esto es, de la persona o animal). Así pues, podemos distinguir  fundamentalmente entre leishmaniosis cutánea, leishmaniosis cutáneo-mucosa y leishmaniosis visceral. La leishmaniosis cutánea es la más benigna y consiste en la aparición en la piel de una úlcera o llaga con el borde endurecido , que por lo general cura espontáneamente. La leishmaniosis cutáneo-mucosa consiste en una inflamación y posterior destrucción ulcerosa de las mucosas de nariz y boca. Y la leishmaniosis visceral (o kala-azar) es la variedad que más muertes provoca, sobre todo en países en vías de desarrollo como Brasil, Sudán, India o Bangladesh. Cursa principalmente con hepatoesplenomegalia (inflamación de hígado y bazo), situación muy peligrosa que puede llevar a la muerte.

Leishmaniosis visceral

 

¿Y en España?

En España, como hemos dicho, la especie endémica es Leishmania infantum, que provoca fundamentalmente leishmaniosis cutánea. No obstante, en nuestro país la enfermedad afecta más a los perros, como saben aquellos que son dueños de un can. Así, si a nuestro perro le crecen las uñas exageradamente, se le cae el pelo en algunas zonas del cuerpo (formando “calvas”) y presenta extrema delgadez, debemos sospechar leishmaniosis y llevarlo al veterinario. No existe riesgo de contagio, a no ser que el mosquito ande por allí cerca (lo que ocurre en el campo y zonas rurales).

Perro con leishamniosis

Los casos de leishmaniosis en personas son raros en España. No obstante, existen individuos (principalmente niños) que han padecido leishmaniosis cutánea, a veces incluso sin saber que se trata de esta enfermedad, y han curado espontáneamente. Estos casos se dan en la costa mediterránea de España, sobre todo en zona de la Axarquía (Málaga). Otro colectivo que puede sufrir leishmaniosis y de forma más grave son los enfermos de SIDA, ya que su sistema inmune está debilitado y no puede luchar contra la enfermedad. En estas personas una leishmaniosis cutánea puede evolucionar a la forma visceral (ya que como hemos dicho la respuesta inmune del paciente parece jugar un papel fundamental), con el riesgo de muerte que conlleva si no se trata.

 

¿Existe tratamiento?

Existen fármacos para tratar la leishmaniosis, pero el tratamiento es complicado (son fármacos bastante tóxicos, se administran en forma de  inyecciones… todo ello hace que el paciente los rechace y se resista a usarlos). Como tratamiento de primera línea se emplean fármacos que contienen antimonio, como el estibogluconato sódico. No obstante, en algunos países se está produciendo resistencia del parásito a estos medicamentos, que entonces dejan de ser eficaces. En estos casos se pueden usar fármacos de segunda línea, como anfotericina B y paramomiocina.

¿Y qué ocurre con la vacuna? Dada la aparición de resistencias, ahora más que nunca es necesaria. También porque un tratamiento farmacológico puede ser largo y caro, y trae más cuenta poder inmunizar a la población de forma permanente y duradera con una vacuna que sea barata (recordemos además que esta enfermedad hace estragos en las zonas más pobres, y a veces los enfermos ni siquiera pueden costearse los fármacos necesarios).

Sin embargo, a diferencia de otras enfermedades como la malaria, que empiezan a despertar el interés de multinacionales farmacéuticas, la leishmania sigue siendo una enfermedad que parece condenada al olvido. En el pasado se ensayó una forma rudimentaria de vacunación, la “leishmunización”, que consistía en inocular al paciente con el parásito para provocarle la llaga propia de la leishmaniosis cutánea. Como curiosidad, este método se llevaba a cabo en chicas que fueran guapas y en sitios del cuerpo que fueran poco visibles, como un glúteo. Como se creía que quedaban inmunizadas, así se aseguraban de que la llaga no apareciera en sus caras, desfigurándolas y haciéndoles perder su belleza. No obstante, ahora sabemos que realmente no se obtiene una verdadera inmunidad: el parásito inoculado de esta forma queda “latente” en las células y puede manifestarse en algún momento de la vida, incluso como leishmaniosis visceral. También puede ser que no lo haga nunca, pero es un riesgo.

A pesar de todo, actualmente hay investigadores que intentan desarrollar una vacuna. Es difícil, sobre todo teniendo en cuenta que no se está dedicando mucho dinero y que un proyecto así necesita un respaldo económico importante. Aún así, nos encontramos situaciones como la siguiente: hace poco, en nuestro confortable primer mundo se comercializó una vacuna para perros, Leishmune. Cualquier avance es bueno, pero conviene que la cosa no quede aquí y que se siga investigando en la vacuna para humanos. Sería una paradoja que dentro de 50 años todos los perros de Europa estuvieran vacunados y que en América Latina la gente continuase muriendo de leishmaniosis.

SIDA y antirretrovirales

29 Nov

Leí la semana pasada en Público la siguiente noticia: “Tomar antirretrovirales a diario protege del SIDA”. Podéis leerla aquí.

Básicamente, consiste en que se ha realizado un ensayo clínico en hombres homosexuales no infectados por el virus (por tanto, sanos). Se dividieron en dos grupos: a la mitad se le suministró antirretrovirales (un comprimido diario) y a la otra mitad se le facilitó un placebo. Después, según reza el artículo, se les recomendó la práctica de sexo seguro y se les facilitaron preservativos. Luego se les realizó un seguimiento durante un promedio de 1,2 años. Al cabo de este tiempo se observó que en los individuos que habían tomado el antirretroviral, el riesgo de infectarse con el virus se había reducido un 44%.

A esta nueva estrategia se la llama “proflilaxis preexposición” (PPrE), y viene bastante bien explicada en otro artículo de Público, aquí.

Al margen de que considero positivo cualquier avance en el campo de la salud, a mí personalmente (como dice en los dos artículos citados) me preocupa bastante que la gente se “relaje” y tenga una falsa sensación de confianza a la hora de exponerse, dejando de utilizar el preservativo (que hoy por hoy, es el mejor profiláctico del que se dispone). Por otra parte, la técnica está en fase experimental y leemos que aún si llegara a implantarse probablemente tampoco lo haría en toda la población en general (sí es bastante interesante, sin embargo, para los esclavos sexuales que no pueden decidir el uso del preservativo en la relación sexual, por ejemplo).

Esto es lo que nos dice la lógica sanitaria. Pero ¿qué ocurre cuando la lógica, de cualquier tipo, choca con los negocios y los grupos de presión? Pues que desgraciadamente la balanza puede (y suele) caer del lado de estos últimos. Parece una barbaridad pensar que en un futuro, en el primer mundo, personas sanas tomarán un comprimido diario para prevenir el SIDA, “por si acaso”. Parece una barbaridad, pero a las multinacionales farmacéuticas les encantaría: para ellas no hay nada mejor que tener enfermos crónicos y personas sanas “pre-enfermas”. Toda la población medicada, desde el primero hasta el último: beneficios exponenciales. Y a poder ser, en países con alto desarrollo ecónomico: para qué vamos a ocuparnos de países tercermundistas, si no van a poder pagar los tratamientos.

Suena conspiranoico, es cierto. Pero bueno, no sería la primera vez que algo así sucede. Tenemos, por ejemplo, la campaña del miedo a la gripe A, que finalmente quedó en agua de borrajas. Cosas que aún no están muy claras, como la vacuna frente al virus del papiloma humano. En fin, un largo etcétera. Suena a conspiranoia, sí, pero recuerdo que vivimos en un mundo donde un grupito de especuladores pueden hundir a un país entero sin despeinarse. La realidad supera a la ficción, y en este momento la ficción es una pesadilla.

Y volviendo al VIH y dejando aparte el sistema económico, debemos tener presente que al invertir en antirretrovirales disminuye el gasto relativo que se dedica a la investigación de la vacuna (y en estos últimos años ha venido disminuyendo, aunque en valor absoluto esté aumentando el dinero a ella destinado). Y para cortar de raíz el problema del SIDA los pilares básicos son la vacuna y el tratamiento para reducir la transmisión vertical (madre-feto). Aparte del preservativo, por supuesto. Ahora que se acerca el Día Mundial del SIDA, cuando se hablará largo y tendido sobre el tema, estaría bien recordar esto y no dejarnos distraer.