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Novedades farmacéuticas: los “preservativos azules”

12 May

Leyendo Público me he encontrado con esta noticia que me ha parecido que da que pensar. Se trata de unos condones que pretenden comercializarse antes del verano de 2012, y cuya novedad es que van impregnados con una sustancia vasodilatadora en su interior. Vamos, que parece que pretenden ser una alternativa a Viagra (sildenafilo). Los ha desarrollado la empresa de biotecnología Futura Medical y la información referente a este nuevo producto podéis leerla aquí (en inglés). Está previsto que los comercialice la marca Durex.

Pueden suponer una clara ventaja respecto al sildenafilo, ya que supongo que por el simple hecho de la que la administración sea local en lugar de por vía oral tendrían muchos menos efectos secundarios (Viagra tiene un montón: cefalea, dolor de espalda, fiebre, visión borrosa…y está especialmente contraindicada en enfermos cardiovasculares, que tienen que tener muchísimo cuidado si la toman). Sin embargo, respecto a estos nuevos preservativos también habría que tener en cuenta una serie de puntos, como cuál sería la frecuencia de uso recomendable (…sabemos que una erección permanente duele, aparte de que no es muy bueno para la salud) y qué tipo de control se establecería para que esta frecuencia se cumpliera. Porque supongo que la venta se realizaría de forma libre, al igual que la de los otros preservativos “normales”. Y ya me veo a un montón de gente joven y sana comprando el condón de marras sin que les haga falta en realidad, porque la disfunción eréctil en la gran mayoría de estos casos suele ser de origen psicológico (principalmente por inseguridad y nervios). Bueno, es que ni siquiera se consideraría disfunción eréctil como tal, no hay que poner ya esta etiqueta si se está pasando por una época de estrés o si únicamente ha ocurrido un par de veces. Y en estas ocasiones, bajo mi punto de vista, más que correr a comprar el “condón-viagra” sería más positivo buscar las causas y sentarse a hablar. Si es que uno quiere vivir una sexualidad sana y plenamente desarrollada, por supuesto.

De todas formas, me imagino que si se vende como un condón normal es porque el efecto no será muy marcado (por supuesto, no será equiparable a la viagra). El gel vasodilatador del interior del preservativo, por cierto, será un fármaco que se utiliza ahora para la angina de pecho (nitroglicerina o gliceril trinitrato) y los de Futura Medical lo van a comercializar bajo el nombre de Zanifil tópico.

¿A vosotros que os parece? A mí, de entrada, que habrá que andarse con ojo.

Licencias obligatorias sobre medicamentos: el resquicio de la OMC sobre ADPIC

5 May

¿Durante cuántos años debería cobrar un cantante o discográfica por una canción? ¿Un arquitecto debería “patentar” un edificio y estar recibiendo dinero por él hasta mucho tiempo después de su construcción? ¿Y los cuadros, son patentables, especialmente si se colocan en un lugar público? Igual los pintores deberían ser remunerados más allá del precio de venta de la pintura en sí…

Todas estas cuestiones sobre propiedad intelectual, que a veces en los países desarrollados son simplemente fastidiosas, se vuelven especialmente sangrantes si nos trasladamos a países en vías de desarrollo y hablamos de medicamentos y patentes. Debido a la patente, un medicamento tiene un precio elevado durante los veinte años de duración de ésta, haciéndose inaccesible para millones de personas en los países más empobrecidos.

Y aquí es donde entra en juego la licencia obligatoria. De primeras, veamos la definición que aparece en el glosario de términos de la OMC (Organización Mundial del Comercio): una licencia obligatoria (en adelante LO) es “aplicable a las patentes cuando las autoridades conceden licencia a empresas o personas distintas del titular de la patente para usar los derechos de la patente — fabricar, usar, vender o importar un producto protegido por una patente (es decir, un producto patentado o un producto fabricado por un procedimiento patentado) — sin el permiso del titular de la patente. Permitido en el marco del Acuerdo sobre los ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio) a condición de que se cumplan ciertos procedimientos y condiciones”. Es decir, que gracias a la LO se puede fabricar un producto patentado sin la autorización de su titular, y esto puede hacerlo el gobierno de cualquier país. Como se hace evidente, si un país pobre adopta una LO la relación de fuerzas Estado-multinacional farmacéutica da un vuelco.

Como leemos en la página de la OMC, para solicitar una LO previamente se ha tenido que negociar con el propietario de la patente una licencia voluntaria. Cuando no hay acuerdo, es cuando puede emitirse la LO. Entonces el titular de la patente tiene que recibir una especie de pago compensatorio, que no está fijada por ADPIC. De hecho, ni siquiera es necesario que el propietario la juzgue adecuada: la decide el gobierno y se acabó. A cambio, la LO no se concede en exclusiva al gobierno, sino que el titular de la patente puede seguir fabricando el producto. Por cierto, tampoco hace falta que un país se encuentre en estado de emergencia sanitaria para pedir una LO, sino que puede decidir libremente los motivos por los que considera que es necesario.

Seguro que llegados a este punto ya estamos bastante perplejos. ¿Cómo la OMC, que protege los intereses comerciales y no los sanitarios, permite algo tan “perjudicial”? (O tan sensato, viéndolo desde el punto de vista coherente). ¿Fue  de motu propio? Pues no, se logró en la cumbre ministerial de la OMC en Qatar (2001), de donde surgió la “Declaración de Doha sobre ADPIC y Salud Pública”, gracias a la presión de los dirigentes y representantes de los países en vías de desarrollo, así como al apoyo de organizaciones como Médicos sin Fronteras o Health Action International. En esta declaración se reconoció por primera vez que los gobiernos tienen todo el derecho a pasar de las patentes y a fabricar medicamentos genéricos más baratos en aras de la protección de la Salud Pública. Casi nada.

A pesar de ello, la industria farmacéutica rabia y patalea cuando se intenta aplicar una LO aunque ésta sea totalmente legal, como sucedió en Brasil en 2007, cuando se emitió una LO para efavirenz, un medicamento para el SIDA. Merck intentó recurrirla, pero por suerte al final se dio la razón al gobierno de Lula da Silva. Desde entonces, otros países como Tailandia y Ecuador también han utilizado las licencias obligatorias. Y la India se ha convertido en un país bastante odiado por fabricar medicamentos genéricos que luego se distribuyen en los países pobres a un precio sensiblemente más bajo que los medicamentos “de marca”; viéndose envuelta en demandas como ésta, interpuesta por Novartis (que afortunadamente perdió el caso).

Y  sin embargo, hoy en día la industria farmacéutica y EE.UU siguen presionando y tratando de intimidar a los países pobres para que no emitan LO (pero luego EE.UU sí se permite emitirlas para productos de uso militar, como gafas protectoras o ingenios de camuflaje… ay, estos pistoleros). Y, por cierto, los países miembros de la UE (entre ellos España, claro) anunciaron a la OMC, amablemente, que voluntariamente no utilizarían la LO importando medicamentos genéricos de otros países (como India, por ejemplo). Absurdo. ¿Sabéis lo carísimos que son los medicamentos que se dispensan en los hospitales, como antirretrovirales, anticuerpos monoclonales y medicamentos para el cáncer? Adquirirlos a golpe de licencia obligatoria supondría un ahorro bestial para el Estado, que vendría genial en estos tiempos de crisis. Pero no, no se vayan a enfadar los amiguitos estadounidenses…

Recapitulando: no es ético dejar que muera gente y que se arruinen Estados en aras de la propiedad intelectual de unos cuantos (y esos cuantos son multimillonarios, recordemos). El espíritu científico y sanitario debe ser algo totalmente opuesto; y ahora recuerdo a Marie Curie y a su negativa de patentar sus investigaciones sobre el radio, sobre todo una vez que se descubrió que tenía uso médico. Lo que vivimos es un ejemplo más del capitalismo salvaje en el que estamos inmersos,  que si no lo frenamos irá acelerándose cada vez más. De momento, y aunque sea un logro humilde y no debamos conformarnos con eso, en la LO tenemos una herramienta útil para la salud (y la economía) de los pueblos. Aprovechémosla.

SIDA y antirretrovirales

29 Nov

Leí la semana pasada en Público la siguiente noticia: “Tomar antirretrovirales a diario protege del SIDA”. Podéis leerla aquí.

Básicamente, consiste en que se ha realizado un ensayo clínico en hombres homosexuales no infectados por el virus (por tanto, sanos). Se dividieron en dos grupos: a la mitad se le suministró antirretrovirales (un comprimido diario) y a la otra mitad se le facilitó un placebo. Después, según reza el artículo, se les recomendó la práctica de sexo seguro y se les facilitaron preservativos. Luego se les realizó un seguimiento durante un promedio de 1,2 años. Al cabo de este tiempo se observó que en los individuos que habían tomado el antirretroviral, el riesgo de infectarse con el virus se había reducido un 44%.

A esta nueva estrategia se la llama “proflilaxis preexposición” (PPrE), y viene bastante bien explicada en otro artículo de Público, aquí.

Al margen de que considero positivo cualquier avance en el campo de la salud, a mí personalmente (como dice en los dos artículos citados) me preocupa bastante que la gente se “relaje” y tenga una falsa sensación de confianza a la hora de exponerse, dejando de utilizar el preservativo (que hoy por hoy, es el mejor profiláctico del que se dispone). Por otra parte, la técnica está en fase experimental y leemos que aún si llegara a implantarse probablemente tampoco lo haría en toda la población en general (sí es bastante interesante, sin embargo, para los esclavos sexuales que no pueden decidir el uso del preservativo en la relación sexual, por ejemplo).

Esto es lo que nos dice la lógica sanitaria. Pero ¿qué ocurre cuando la lógica, de cualquier tipo, choca con los negocios y los grupos de presión? Pues que desgraciadamente la balanza puede (y suele) caer del lado de estos últimos. Parece una barbaridad pensar que en un futuro, en el primer mundo, personas sanas tomarán un comprimido diario para prevenir el SIDA, “por si acaso”. Parece una barbaridad, pero a las multinacionales farmacéuticas les encantaría: para ellas no hay nada mejor que tener enfermos crónicos y personas sanas “pre-enfermas”. Toda la población medicada, desde el primero hasta el último: beneficios exponenciales. Y a poder ser, en países con alto desarrollo ecónomico: para qué vamos a ocuparnos de países tercermundistas, si no van a poder pagar los tratamientos.

Suena conspiranoico, es cierto. Pero bueno, no sería la primera vez que algo así sucede. Tenemos, por ejemplo, la campaña del miedo a la gripe A, que finalmente quedó en agua de borrajas. Cosas que aún no están muy claras, como la vacuna frente al virus del papiloma humano. En fin, un largo etcétera. Suena a conspiranoia, sí, pero recuerdo que vivimos en un mundo donde un grupito de especuladores pueden hundir a un país entero sin despeinarse. La realidad supera a la ficción, y en este momento la ficción es una pesadilla.

Y volviendo al VIH y dejando aparte el sistema económico, debemos tener presente que al invertir en antirretrovirales disminuye el gasto relativo que se dedica a la investigación de la vacuna (y en estos últimos años ha venido disminuyendo, aunque en valor absoluto esté aumentando el dinero a ella destinado). Y para cortar de raíz el problema del SIDA los pilares básicos son la vacuna y el tratamiento para reducir la transmisión vertical (madre-feto). Aparte del preservativo, por supuesto. Ahora que se acerca el Día Mundial del SIDA, cuando se hablará largo y tendido sobre el tema, estaría bien recordar esto y no dejarnos distraer.