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Vivan las alpacas!!

20 Feb

El martes tengo el último exámen de mi último febrero, ya era hora. Y como ya estoy un poco harta de estudiar (aunque éste sea probablemente el curso en el que menos estoy estudiando), voy a aprovechar para dedicarle unas palabras a uno de mis bichos favoritos, la alpaca.

 

Un magnífico ejemplar de raza huayaca (creo)

 

Creo que ésta pide a gritos que la esquilen.

Son unos animalejos de origen andino parecidos a la llama y a la vicuña (para el que se lo esté preguntando, sí, también lanzan escupitajos) y la lana se usa muchísimo para hacer ropa, mantas y esas cosas. Hay dos razas: la suri y la huayaca, que es la más típica. Preciosas las dos, no me digáis que no son totalmente achuchables… y tienen una cara divertidísima. Aunque tanto wikipedia como taringa insisten en que se usan principalmente en la industria textil, hace unos años, cuando las descubrí y me puse a investigar, también leí en no sé donde que se usan mucho para trabajar con niños discapacitados, porque son muy cariñosas y mansas. Otra cosa que he descubierto hoy es que, igual que los gatos, hacen siempre sus necesidades en el mismo sitio. Si es que son perfectas como mascotas a todos los efectos… xD.

Recuerdo que hace unos años, cuando Antonio compró gallinas (vive en una casa casi en el campo) supliqué y supliqué para que comprara también una alpaca, insistiéndole en todas sus ventajas. Obviamente, no me hizo ningún caso, y mentiría si dijera que con el tiempo se me pasaron las ganas. Además, aquí en España, concretamente en Toledo, hay una empresa que vende alpacas, y aseguran que sus cuidados y mantenimiento son muy fáciles y económicos… En fin, desde aquí manifiesto que si algún día tengo una casa propia (jaja) con jardín, terreno adyacente o similar (jajajaja) me compraré una alpaca. Depende del rumbo que tome mi vida en los próximos años, otra solución es tener a la alpaca en Terque, que sí tengo casa (ya alquilaría algún terrenillo o algo para tener al bicho). No sería lo ideal, pero oye, el que no se consuela es porque no quiere xDD.

Y después de esta entrada totalmente gilipollezca, me despido hasta después del examen.

P.S. Es broma, espero que mi vida avance en otro sentido que no sea quedarme recluida en Terque y dedicada a la cría de alpacas. Sería lo que me faltaba… Pero lo que sí haré seguro es pasarme por la granja esa la próxima vez que vaya a Toledo.

P.S.2. Se me había olvidado que tengo un amigo muy majo que lleva años buscando una alpaca de peluche para regalarme en algún cumpleaños, navidades, etc. Un saludo para él, que está difícil la cosa xD

El pela-zanahorias

21 Ene

En mi barrio de este año no hay ni una sola tienda de chuches cerca, ni una panadería, ni nada. A veces me pregunto si sus habitantes no formaremos parte de un estudio epidemiológico secreto de las autoridades sanitarias para comprobar que así estamos más sanos que la media, porque lo que son caprichos… ni uno. Porque claro, no hay lugar a que se repitan varios momentos del año pasado, a saber:

1. “Voy a bajar a comprar X, ¿quieres algo?” “Sí, súbeme una palmerita, porfa” (esta conversación se ha dado a todas las horas posibles, porque la panadería abría así como a las 6 de la mañana y cerraba a las 10 de la noche).

2. “Voy a ver una peli. Mmm, me voy a acercar a comprarle pipas al señor de la voz bonita…” (¿¿qué pasó con ese hombre?? Desapareció de la noche a la mañana, y yo estaba totalmente enganchada a su voz y a su forma de hablar…).

3. Cualquier día, a cualquier hora (por ejemplo, domingo a las doce de la noche): “Voy al Opencor a comprar un subrayador/una pizza/un helado de chocolate” (qué habría sido de nosotros muchas veces sin el Opencor, a pesar de sus precios abusivos).

Total, que aquí para cualquier mínima tontería ya tienes que ir al Mercadona, que tampoco está para morirse de lejos… pero ya tienes que andar un trozo de avenida y cruzarte de acera. Y una es vaga y friolera, qué le vamos a hacer. Por eso, para consolarme cuando me muero de ganas de picar algo, mi estrategia de los últimos meses ha consistido en comprarme redes enormes de zanahorias. Cuando me entra la gusilla, me como una o dos (no sé si llegaré a emular mi hazaña de pequeña, que consistió en ponerme totalmente amarilla a fuerza de comer zanahorias -¡me encantaban!-. Me llevaron al médico porque creían que estaba ictérica). Y en fin, son más sanas que otras cosas que pueda picar, así que además de calmar mi hambre calmo mi conciencia.

La cosa es que esta tarde he abierto el frigorífico, he mirado las zanahorias y ellas me han devuelto la mirada.  De repente, me apetecían mucho unos gusanitos. Me he puesto el abrigo para salir a la calle, en silencio… cuando en mi cabeza ha resonado un “¿¿SE PUEDE SABER A DONDE VAS??”. Mierda, la parte sensata de mi cerebro (la que ha estudiado Nutrición y Salud Pública) me ha descubierto. “Mmm, no, voy… a comprar un pela-zanahorias, que no tengo y me hace falta” (la parte mentirosa de mi cerebro se intenta justificar). “¿Y para eso estamos subiendo y bajando escaleras, comiendo sin excesos y vetando cosas insanas como las que te quieres comer ahora? ¿Vamos a tirar todo eso por la borda, eh?” (vuelve a la carga). “Por favor, no le hagas caso, por una vez no pasa nada…” (ahora solloza el centro del hambre de mi cerebro, directamente conectada con mi estómago).

¿Y qué hago yo discutiendo con todos vosotros? En definitiva, ¿qué hago discutiendo conmigo misma? Hala, que os den por saco a todos, me voy a la calle. (Sí, es triste, pero así de grillada estoy).

Y bajé al chino, a comprar un pela-zanahorias (¿qué os creíais, eh?). Por cierto, ahí me di cuenta de que no sé como se llama ese cacharro de verdad. Quiero decir, en mi casa lo usamos para pelar zanahorias, por eso lo llamamos así, el pela-zanahorias (sí, somos así de simples), pero sé que hay gente que también lo usa para pelar patatas, no sé cómo porque a mí no me sale. Pues nada, ahí me ves en el chino, sospechando que el instrumento que estoy buscando sólo lo llamamos así en mi familia, y sin verlo por ninguna parte. Me estaba planteando seriamente si tendría ovarios de describírselo de alguna forma al amable dependiente que no habla español (“sí, mire… es una cosa que yo uso para pelar zanahorias, pero que también se usa para pelar más cosas… y es así como parecido a una cuchilla de afeitar, pero inequívocamente de cocina”), cuando de pronto lo descubrí. Bingo. Pagué y me fui a casa.

En fin, lectores,  ya que habéis llegado hasta aquí, hago un llamamiento y una petición de ayuda. Si más o menos os imagináis el cacharro del que estoy hablando, ¿vosotros cómo lo llamáis? ¿Tiene algún nombre específico y yo no me he enterado? Ilustradme, por favor.

Las culpables, esperando a ser peladas.

P.D. No lo iba a decir, pero… Que sí, que al final fui al Mercadona y me compré una bolsa enorme de gusanitos 🙂 (¡qué débil soy!).

P.D. 2 … Vale… y otra de palomitas… (soy muy, muy, muy débil). Aunque en mi defensa diré que esa aún no me la he comido^^

Llega el frío…

17 Nov

Los que me conocen bien saben que no me suele gustar el cambio de hora de otoño. Cuando llega ese día fatídico, me paso por lo menos una semana refunfuñando porque a las 6 y media de la tarde ya es de noche… porque es la prueba definitiva de que se acercan el invierno y el frío… porque un mes más tarde por las mañanas vuelve a ser de noche, y encima también anochece antes, así que lo del ahorro de energía me parece un cuento… en fin, que en esos días me encantaría que España estuviera en otra latitud. Pegada al ecuador, concretamente xD.

Y este año, sin embargo, estoy sorprendida porque hasta lo he cogido con ganas. Bueno… no es del todo verdad, he tenido mis momentos quejicas, pero es que si no, no sería yo. Pero sí que es cierto que no me ha sentado tan mal como siempre. Yo creo que es porque el final de este verano me quemó tanto los ojos y la piel (no literalmente, por si alguien se asusta) que ahora se agradece un poco de aire fresco (bueno, estoy en Granada, así que en realidad no es fresco, es cortantemente frío). Me está produciendo el mismo efecto que poner una pomada de caléndula o de aloe vera sobre una quemadura: refrescante alivio. Que se noten los cinco años farmacéuticos…

También lo achaco al hecho de que el cambio de hora es una prueba evidente de que el tiempo pasa. Y nada deseo más ahora mismo. El verano ha quedado atrás, menos mal, y nada va a estancarse: todo sigue avanzando y cambiando. Y yo me encuentro lista para lo que venga.

Y a vosotros, ¿cómo os sienta el cambio de hora?

El universo contrafáctico

15 Oct

Hoy, en clase de Salud Pública, el profesor nos ha hablado del ideal contrafáctico como base para diseñar estudios epidemiológicos analíticos. Me ha encantado la clase. Personalmente, no esperaba disfrutar tanto con esta asignatura, a la que todo el mundo le suele tener pavor por lo coñazo que dicen que es. A mí de momento me está gustando mucho, veremos cómo avanza el curso…

En el universo contrafáctico, todo lo que podría pasar y haber pasado, pasa. No hay coste de oportunidad, no hay lugar para la pregunta “¿qué hubiera pasado si…?”, porque todo sucede simultáneamente. A una persona como yo, ocasionalmente atormentada por los “qué hubiera pasado”, se le antoja un mundo paradisíaco. Aunque tuviera que desdoblarme.

Y es que si de cada decisión surgieran dos situaciones paralelas-la de sí y la de no-, me acabaría desdoblando en millones de Virginias que viven en situaciones simultáneas, que a veces sólo se diferenciarían en algo tan nimio como tomar uvas o kiwi de postre. Y aparte de las distintas situaciones provocadas por mis decisiones, habría otras muchas provocadas por las decisiones de otras personas que me afectasen a mí. Miles de millones de posibles vidas distintas, todas ocurriendo a la vez paralelamente.

Y digo yo que entre tantas vidas posibles, alguna de ellas sería absolutamente perfecta, desde mi nacimiento hasta ahora. Sin dramas, sin dolor, todo redondo. Claro que también habría otras existencias angustiosas y horribles en contrapartida. Quizás no compensaría, o quizás sí… Como es una situación ideal, nunca lo sabré. Nosotros vivimos en el mundo real, y por eso podemos plantear la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si existiera el universo contrafáctico?

Curso nuevo, vida nueva

26 Sep

Después de muchos meses sin escribir, me decido a publicar nueva entrada. El motivo: el inicio del nuevo curso académico en Granada.

Si por algo quiero que se caracterice esta época, es por el hecho de no hacer propósitos. Ni uno solo. Los propósitos únicamente sirven para hacerte sentir culpable cuando no los cumples, o para pensar, en ratos en los que domina la superstición, que si no los hubieras hecho igual la situación hubiera ido mejor (lo sé, es una tontería absurda… pero el pasado Año Nuevo fue el único en toda mi vida que formulé uno de esos propósitos, que por supuesto no se ha cumplido. Aunque no porque yo no quisiera, pero ese es otro tema). A partir de ahora no forzaré las cosas ni me preocuparé tanto, simplemente dejaré que las circunstancias vengan y me sorprendan.

Por eso no voy a hacer el propósito de escribir con más regularidad en este blog. Escribiré cuando me venga en gana y tenga cosas que me apetezca contar. Como la tarde de hoy, por ejemplo. Bea y yo hemos estado deambulando por la Alcaicería primero y por calle Elvira más tarde, donde nos hemos sentado a tomar una limonada con hierbabuena y unos pastelitos árabes de los que tanto nos gustan. La vuelta a casa ha sido algo complicada, porque hemos tenido que esquivar una procesión y a cientos de granadinos devotos con velas.

A veces sucede que somos felices y no lo sabemos. Eso he pensado esta tarde mientras subía por las callejuelas retorcidas y empedradas. No lo sabemos, se nos olvida y tenemos que recordárnoslo de vez en cuando. Yo me he tenido que recordar que tengo la suerte de vivir en la ciudad de la Alhambra y de poder pasear por sus jardines siempre que quiera. Y más que nunca lo haré este año, que es el último de carrera y tengo que aprovecharlo y estrujarlo. El futuro es tan incierto…

Días de lluvia

27 Feb

Me gusta la lluvia, pero cuando lleva casi más de un mes lloviendo sin parar (como ahora) se me nubla el ánimo, y nunca mejor dicho. Me entra una especie de apatía y astenia, y tengo que luchar continuamente para sacudírmela.

Me han dicho en algunas ocasiones que parezco una plantita, que necesita la luz del sol para no marchitarse. El otro día mi madre me comentaba que esto es algo que también le pasaba a mi abuela a lo bestia: en cuando llevaba una semana sin salir el sol se quedaba como un trapo, la pobre. Por lo menos me queda la tranquilidad de saber que es algo que he heredado: en cierta forma va en mis genes y no son cuentos míos.

Así que soy como una planta, y punto. Y ya que he nacido en el sur, concretamente en medio del desierto, no me queda más remedio que pensar que soy una especie de cactus, o una pita de ésas que abundan tanto en las playas de Cabo de Gata. Llegados a este punto, siempre hay alguien que me pregunta: ¿y cómo te las ibas a arreglar si tuvieras que vivir en el norte? Pues espero que con el tiempo acabaría mutando a alguna planta más frondosa, a la que no le molestara el agua. Un helecho… espera, no, que los helechos son asexuales. Mejor una hortensia, que digo yo que soportará bien la lluvia, porque en los jardines de San Sebastián había millones.