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La lluvia en Granada

17 Nov

El día de hoy ha estado pasado por agua. Con tormenta incluida, con sus correspondientes relámpagos y truenos. Y yo llevo toda la tarde vagueando en el sofá, con series, libros, música y mantita. En tardes como ésta mi música también se vuelve lluviosa y melancólica (si es que a veces soy una moñas, qué queréis). Os dejo una muestra.

P.S. Odio a la gente que se dedica a transcribir la letra de las canciones en los vídeos de youtube (encima casi siempre con una fuente horrible, y en algunos casos sangrantes con faltas de ortografía- no sé si éste tendrá alguna, mi rabia es tan grande que no me he parado a mirarlo-). Mi odio se extiende a los que se dedican a coger una canción estupenda y fusilarla poniéndole un montaje de fotos cutre, cursi o vomitivo. ¿No pueden poner como imagen la puñetera carátula del disco y ya? Todavía lo de transcribir la letra lo entiendo para fines educativos como aprender el idioma (cosa que dudo sea la motivación principal de los que suben estos vídeos), pero incluso en ese caso youtube ofrece la magnífica opción de poder añadir subtítulos. Pero en fin, en youtube hay libertad (bueno, eso habría que matizarlo un poco) aunque en mi opinión esté reñida con el buen gusto. Y yo soy un poco cascarrabias y quejica, me acabo de dar cuenta al releer este párrafo (no os toméis al pie de la letra esta imagen que doy… en el fondo soy adorable).

P.S.2 Aunque me encante la lluvia, llevamos ya unos cuantos días y me da la impresión de que el mundo no volverá a estar seco nunca.   Y aprovechando un par de días de tregua que tuvimos (ayer y el anterior) puse una lavadora y por supuesto se me ha mojado toda la ropa. Que pare ya, por favor.

Prácticas de Hidrología Farmacéutica

21 Nov

Ayer sábado me levanté a las siete y pico sin mucho ánimo para ir a la excursión obligatoria de una asignatura optativa, Hidrología Farmacéutica. Mientras esperaba el autobús con mis compañeros, las caras de todos reflejaban el común “quién-me-mandaría-a-mí-coger-esta-asignatura-con-lo-bien-que-estaría-en-mi-cama-a-estas-horas”. Pero eso sí, muy obedientes todos habíamos llevado el bañador por si acaso, ya que nos dirigíamos al balneario de Alhama de Granada.

Después de un viaje infernal con cientos de curvas, llegamos a nuestro destino. Luego de enseñarnos las distintas instalaciones nos ofrecieron darnos el baño de rigor y, ya totalmente emocionados con las maravillas que habíamos visto, nos lanzamos a los vestuarios. Primero nos pasaron a diez personas al baño de la Reina, una sala redonda de piedra con una poza en medio. Agua mineromedicinal a 42ºC, 100% de humedad. El paraíso. Para entonces, ya todos habíamos cambiado nuestra impresión de la asignatura (“oh, dios, qué placer… Tenemos que recomendarla a todos los estudiantes de Farmacia”).

Tras 20 minutos o así, una de las chicas del balneario se acercó a decirnos que la siguiéramos, que nos iban a meter a cada uno en una bañera (“metednos donde queráis… vosotros sois los expertos, líbrenos el cielo de contradeciros”). Así, nos llevaron a un pasillo y nos metieron a cada uno de nosotros en unas habitacioncillas individuales, a media luz, y donde había una bañera de mármol INMENSA con agua caliente burbujeante. Mente en blanco, regresión al vientre materno, y más de uno se quedó medio grogui y con cierto miedo a quedarse dormido y perderse del grupo.

Cuando todo acabó, nos dirigimos como zombies a cafetería (con un hambre mortal, eso sí) y también como zombies nos metimos en el autobús. Las consecuencias: siesta después de comer y una relajación y una paz extremas que me duraron el resto de la tarde, durante un paseo por Granada y en las tapas de por la noche. Vale la pena permitírselo de vez en cuando, aunque buscaremos otros baños más baratos en la ciudad, porque el precio de Alhama es un poco prohibitivo.

Baño de la Reina (foto que he encontrado en Internet)

Y el viernes por la tarde-noche hice una expedición en solitario a “hacer un mandaíllo” (expresión almeriense que se usa cuando no apetece dar explicaciones de adónde se va) en una calle que no había escuchado en mi vida. Era una callejilla por detrás de Recogidas que encontré a la primera, después de haberme estudiado concienzudamente Google Maps. Y lo cuento porque es una de las cosas que me encantan de Granada: a pesar de las miles de personas que había en Recogidas de compras y del bullicio consecuente, fue doblar una esquina y encontrarme en otra dimensión. Una calle más bien oscura, empedrada, en la que parecía que había ocurrido una catástrofe nuclear por el absoluto silencio y lo desierta que se encontraba. La verdad es que daba un poco de mal rollo, y cuando abrí la mochila para sacar los guantes, el “risssss” de la cremallera se oyó en 20 metros a la redonda.

De cualquier forma, mi pequeña excursión fue infructuosa porque quienes buscaba ya no estaban allí: en el local había un cartel grande de “se alquila”. Digo yo que actualizar el “dónde estamos” de las páginas webs no cuesta tanto… Así que me fui a Calle Elvira, y quien sí estaba, por suerte, era el señor árabe al que siempre le he comprado las cachimbas, también conocido como “el amigo” (porque siempre que voy a comprar me llama “amiga”, “hermana” y me hace millones de regalos). Compré tabaco de menta y una cachimba nueva, que me acabo de fumar muy despacio mientras escribía esto, disfrutando del relax que me dura desde ayer.

Y ése ha sido mi fin de semana. Buen inicio de la que viene a todos : )