Reincidimos

18 Oct

Hace un par de días me di una vuelta por aquí después de muchos meses de ausencia. Para mi sorpresa, descubrí que tenía comentarios nuevos (en realidad, la mayoría bastante antiguos, pero nuevos para mí al fin y al cabo). Un amigo incitándome a volver, otra persona que me contaba un hecho curioso en la entrada del monumento a los Coloraos, e incluso una chica cuyas aportaciones fueron “hay que matar a las lagartijas” y “tengo pánico a las lagartijas” en otra entrada aleatoria (Johnny, la gente está muy loca).

Luego miré el blogroll y me entró cierta ternura al volver a franquear el umbral del espacio de mis amigos. Por cierto que varios blogs ya no existen, otros muchos quedaron congelados hace un año o dos y una digna minoría sigue resistiendo. Compruebo con asombro que otro ha vuelto recientemente, tras un período de hibernación. En cualquier caso urge actualizar los enlaces. Elimino con pena los que ya no están operativos, añado otros y me niego a borrar a los que duermen. Quizás algún día despierten.

Mi blog nunca fue la caña, pero era un espacio por el que de vez en cuando se pasaba gente y donde a veces surgía la comunicación. Y que me ha hecho pasar muy buenos ratos, y eso ya es bastante. Volver a husmear por aquí me hizo sentir como volver a estar en casa.

Así que… aquí estamos de nuevo.

No sé por cuánto tiempo. No sé sobre lo que me apetecerá escribir. Sí sé que si ya antes tenía poco feedback, aún en la temporada en la que a todos nos dio por los blogs, ahora voy a tener incluso menos. Pero qué más da. Vuelvo.

Y qué mejor imagen para hacerlo que ésta que recupero y que tiene unos cuantos años (que me perdonen los implicados). También era otoño y precisamente también volvíamos a casa después de una larga marcha.

Bienvenidos otra vez a este rincón.

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Adiós, 2012

28 Dic

estrella recortadaEn 2006 (qué barbaridad, cómo pasa el tiempo), justo en mi primer año de carrera, conocí en mi residencia universitaria a una chica a la que llamaremos B por conservar su anonimato, que no tengo ni idea de si le hará gracia aparecer en este blog mío. A pesar de no caernos muy bien al principio (hecho que disimulamos con mucha elegancia y que nos confesamos a los años), con el tiempo nos hicimos buenas amigas e incluso acabamos compartiendo piso.

Y a lo largo de los años…

…hemos hecho numerosos viajes.

…hemos redactado apuntes a cuatro manos de casi todas las asignaturas de la carrera.

…hemos compartido fiestas, jolgorios y confidencias.

…hemos tenido pequeñas discusiones por las labores domésticas.

…hemos comido cantidades ingentes de chocolate, palomitas y porquerías varias.

…hemos ido al cine casi de incógnito a ver películas de las que nos avergonzamos pero a las que no estamos dispuestas a renunciar.

…hemos llorado juntas en el cine y también cada una por su lado, cuando tocaba (creo que sobre todo yo, que siempre he sido más llorona). Y la otra siempre ha estado al pie del cañón para consolar.

…nos hemos asistido mutuamente en situaciones médicas, emergencias o no: acompañamiento en análisis de sangre, curas de heridas, viajes de urgencia al hospital. Incluso en hechos que al final no eran tan preocupantes como creíamos (“mira… no te asustes, pero creo que estás vomitando sangre”) ¬¬.

…hemos compartido lecturas, hemos arreglado el mundo con nuestras charlas, hemos aprendido de otros y después hemos tratado de transmitir esas enseñanzas.

…hemos esperado con auténtica ansiedad resoluciones del Ministerio.

…nos hemos reído hasta que se nos han saltado las lágrimas por las cosas más absurdas…

…y así podría seguir y seguir.

Y esta entrada, que probablemente será con la que despida este año 2012, se la quiero dedicar a mi amiga B porque no sé si dentro de poco tendré que despedirla a ella también. El camino que hemos escogido, el investigador, es un camino duro y arduo(*), y cuando se presentan buenas oportunidades hay que ir tras ellas. A ella se le ha presentado una en otra ciudad y ha probado suerte: pronto sabremos el resultado. Y aunque por supuesto que la echaré muchísimo de menos si finalmente se va, le deseo todo lo mejor. ¿Cómo podría no hacerlo? Es que a ver, con ella vi el último capítulo de Lost, sólo eso debería daros una idea de lo muy importante que ha sido -y es- B. Y también sabemos ambas que como finalmente Ian Somerhalder haga el papel de Christian Grey (soy consciente de que las visitas de este blog van a aumentar mucho después de escribir estos dos nombres, mejor para mí) correremos a reunirnos en la ciudad que sea para ir al cine, con el cuello de la gabardina subido para que nadie nos reconozca y a pesar de todo lo que hemos despotricado de los libros.

Pero suceda lo que suceda, sé que le irá bien.

Y te irá bien porque eres brillante, trabajadora y tendrás éxito allí donde vayas.

Millones de gracias por los años universitarios, esos que dicen que son los mejores y que sin ti no hubieran sido lo mismo. Y por muchísimas cosas buenas de mi vida que llegaron de tu mano.

Sabes que tienes casa en Almería, Granada y en cualquier lugar en el que haya un techo sobre mi cabeza.

Mucha, muchísima suerte. Todos tus amigos estamos cruzando los dedos, pero a la vez estamos convencidos de que sabrás sacarle partido a la situación final, sea la que sea.

Y feliz año 2013, claro. Y que venga cargado de éxitos para todos los que empezamos.

EDITO:  B me acaba de llamar para contarme que le han dicho que sí!! Ay, tengo mucha pena, pero a la vez me alegro un montón… Pero no voy a decir adiós, es un HASTA LUEGO =)

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(*) Y vaya que no, el tema de lo bien que nos hubiera ido si en primero de carrera nos hubiéramos buscado a un chavalillo apañado con farmacia también ha sido una conversación recurrente entre nosotras -en parte en broma, en parte en serio-, sobre todo en los momentos de mayor desesperación, tirones de pelo y caos y destrucción. Pero es que nosotras somos muy vocacionales, oye.

La lluvia en Granada

17 Nov

El día de hoy ha estado pasado por agua. Con tormenta incluida, con sus correspondientes relámpagos y truenos. Y yo llevo toda la tarde vagueando en el sofá, con series, libros, música y mantita. En tardes como ésta mi música también se vuelve lluviosa y melancólica (si es que a veces soy una moñas, qué queréis). Os dejo una muestra.

P.S. Odio a la gente que se dedica a transcribir la letra de las canciones en los vídeos de youtube (encima casi siempre con una fuente horrible, y en algunos casos sangrantes con faltas de ortografía- no sé si éste tendrá alguna, mi rabia es tan grande que no me he parado a mirarlo-). Mi odio se extiende a los que se dedican a coger una canción estupenda y fusilarla poniéndole un montaje de fotos cutre, cursi o vomitivo. ¿No pueden poner como imagen la puñetera carátula del disco y ya? Todavía lo de transcribir la letra lo entiendo para fines educativos como aprender el idioma (cosa que dudo sea la motivación principal de los que suben estos vídeos), pero incluso en ese caso youtube ofrece la magnífica opción de poder añadir subtítulos. Pero en fin, en youtube hay libertad (bueno, eso habría que matizarlo un poco) aunque en mi opinión esté reñida con el buen gusto. Y yo soy un poco cascarrabias y quejica, me acabo de dar cuenta al releer este párrafo (no os toméis al pie de la letra esta imagen que doy… en el fondo soy adorable).

P.S.2 Aunque me encante la lluvia, llevamos ya unos cuantos días y me da la impresión de que el mundo no volverá a estar seco nunca.   Y aprovechando un par de días de tregua que tuvimos (ayer y el anterior) puse una lavadora y por supuesto se me ha mojado toda la ropa. Que pare ya, por favor.

La Alhambra, 4 años después

20 May

El miércoles pasado estuve en la Alhambra: habían pasado 4 años desde mi última visita. Cuando llegué a esta ciudad, me hice una promesa: mientras viva en Granada, tengo que recorrer la Alhambra de tanto en tanto. Y es un sitio que me gusta tanto que no debería ser nada difícil de cumplir; pero desde la última vez ha pasado mucho tiempo y en ese tiempo han ocurrido muchas cosas.

La última vez que fui estaba a las puertas de mi andadura farmacéutica, en 2º de carrera. Hacía unos meses que había entregado un herbario confeccionado con primor en la asignatura de botánica, bregaba para recuperar la fisicoquímica de primero y creía que el final de la licenciatura estaba lejísimos. Hoy, después de hacer mis pinitos investigadores en el departamento de Microbiología y decidir que aquello del biodiesel no era lo mío, me encuentro arrimada al de Salud Pública, contentísima, acabando el máster y deseando tener la suerte de que una beca FPU me vincule formalmente. Pero antes de llegar hasta aquí hice las prácticas de fin de carrera, que para mí fueron un acontecimiento importante porque me reconciliaron con el mundo de la oficina de farmacia. Siempre había pensado que no quería eso bajo ningún concepto, pero al hacerlas descubrí que me encanta el contacto con la gente. Espero quedarme en la universidad, pero si finalmente eso no fuera posible sé que tengo otra puerta abierta que también me haría feliz, y eso es una suerte.

Las cosas para la gente que conozco también han cambiado mucho. Una chica estupenda, a la que no veo tanto que me gustaría, empezaba su residencia en aquella época y desde hace pocos días ya es una flamante médico de familia. Varios de mis compañeros de farmacia empiezan el FIR ahora. Mi hermano, que era un micaco, está a punto de entrar en la universidad (ánimo, Pablito). Tras algún Erasmus que otro, casi todos mis amigos han acabado sus respectivas carreras o están a punto. En lo que a amores se refiere, ha habido rupturas y creación de nuevas parejas, así como situaciones un poco más indefinibles. Algún amigo ha llegado hasta el Congreso. Otro se acaba de independizar, y lo primero que hizo en cuanto estuvo instalado fue invitarnos a merendar y poner su casa a nuestra disposición si lo necesitábamos, haciendo gala de esa generosidad enorme que le caracteriza. Creo que en general la vida no nos ha tratado del todo mal (por lo menos aún), y en los tiempos que corren eso también es una suerte.

Y es que, si hablamos de los tiempos que corren, el mundo también ha cambiado mucho desde entonces. Hace 4 años no eran muchos los que estaban familiarizados con eso de la prima de riesgo y las agencias de calificación, yo desde luego no. Evidentemente lo que tenemos encima no es una suerte, pero si nos empeñamos en ver algo positivo nos encontramos con la cantidad de gente que ha ido tomando conciencia, “despertando” y diciendo “basta” a lo largo de este tiempo. Algo que hacía falta, sin duda.

Por cierto que otra cosa buena del discurrir del tiempo son las personas nuevas que trae, o aquellas a las que te permite redescubrir. Son personas que te abren las puertas de su casa en la playa. Que discuten contigo apasionadamente sobre cualquier tema y te enriquecen. Que te convencen para hacer submarinismo con bombona, algo que no hubiera salido de ti en la vida. Que amplían tus conocimientos de cine. Que te enseñan a ser una buena epidemióloga. Que se prestan a que les saques sangre. Que en dos días organizan contigo un interrail y allá que os vais. Que te organizan rutas albayzineras en las que no dejas de aprender. Que te acompañan a exposiciones, a los comedores, a manifestaciones y a cualquier sitio. También a la Alhambra.

De todos los cambios buenos y malos de estos años, me quedo con la cantidad y calidad de la gente que quiero y que me quiere, nuevos y antiguos. Porque haciendo balance, en todos estos años no ha disminuido ni un poquito. Y eso, creo, es la mayor suerte de todas.

Mientras tanto, ajena a los cambios, la Alhambra permanece en su sitio inmutable y hermosa. Me pregunto qué cosas nuevas habrán sucedido en mi vida la próxima vez que camine por sus palacios y jardines.

Comunicación anacrónica

17 Ene

Supongamos que estáis en vuestro cuarto tranquilamente, estudiando, escuchando música, leyendo o lo que sea… cuando de pronto, por la cara, se declara un incendio espontáneo. Todos nuestros efectos personales van a quedar carbonizados, reducidos a cenizas, todo perdido. Tras años y años de magníficos simulacros de incendio en el cole/instituto (jaja) hemos aprendido que debemos abandonar el edificio de inmediato, sin coger NADA material. Aún así, decidimos violar las normas de seguridad: vamos a arriesgarnos a coger una sola cosa de nuestro cuarto antes de salir por patas. Algo muy querido, que nos dolería especialmente perder para siempre. ¿Cuál sería vuestra elección?

El otro día se me ocurrió pensar en esta absurdez y yo enseguida lo tuve claro: un libro con pinta de incunable que tengo en mi estantería, que en realidad es una caja. Bueno, y una carpetita que hay pegada a él, de forma que podría coger las dos cosas con el mismo movimiento 😛

En esa caja, aparte de varios papeles que conservo por motivos puramente sentimentales (la mayoría son entradas a monumentos, conciertos, exposiciones…), guardo aproximadamente una veintena de cartas. En la carpeta, unos cuantos folios en los que he ido volcando cavilaciones tan personales que ni siquiera tienen cabida en este blog, ni creo que le interesaran a nadie tampoco.

Como se desprende de lo anterior, siempre me ha gustado escribir, ya sea para mí o para otros. Especialmente a otros. Y en todos los formatos: email, sms, mensaje privado vía tuenti o facebook… y cartas. Sí, cartas. Correo postal de toda la vida, vaya.

Es verdad que la comunicación por esta vía se emplea cada vez menos por una serie de inconvenientes: el principal, el tiempo. Es mucho, muchísimo más rápido escribir un correo o hacer una llamada telefónica. Escribir una carta requiere sentarte un ratito, y esmerarte en la caligrafía… porque, por supuesto, las cartas siempre deben escribirse a mano y más si son personales (si yo recibiera una carta de este tipo escrita a ordenador, lo consideraría un poco una falta de respeto, la verdad). Requiere también acercarse al estanco y comprar un sobre y un sello. Por último, buscar un buzón: no siempre hay uno tan cerca como nos gustaría. Ah, y queda el hecho de que una carta no tiene la inmediatez de un correo o una llamada telefónica: dependiendo de las ciudades de origen y destino tardará en llegar uno, dos… o equis días.

Yo nunca las he usado como vía de comunicación principal, pero siempre me han encantado como complemento. Mi carta más lejana ha viajado hasta Stavanger, Noruega; la más cercana, a unas cuantas calles detrás de mi casa en Almería (tan cerquita, que directamente la eché yo misma al buzón de su destinatario). Entre medias Málaga, Granada, Madrid, Ciudad Real…

Reconozco también que soy bastante fetichista de la correspondencia postal, lo que se traduce en cumplir con una serie de detalles y pequeños rituales. Para escribir, prefiero usar pilot negro de tinta líquida. Aunque no es absolutamente necesario, me gustan mucho más las cartas en las que finalmente añado una postdata, aunque sea para decir una bobada. El doblez de los folios tiene que ser lo más perfecto posible. Los sobres autoadhesivos que venden en los estancos son mucho más fáciles de abrir para la persona que los recibe… pero a veces elijo uno de color o ésos en los que la solapa es triangular. Estos se suelen cerrar con saliva y vale, será todo lo antihigiénico que queráis, pero uno de los pequeños placeres de la vida es pasar la lengua por la goma de un sobre para cerrarlo. Ídem con los sellos, pero estos ya sí que son todos autoadhesivos y no hay que chuparlos (frustración por mi parte). Y finalmente… ¡el lacre! Ya de pequeña hice mis pinitos con él, aunque nunca lo usé para cerrar cartas: le pedí a mi madre que me comprara uno simplemente para saber cómo funcionaba aquello (y recuerdo un día de susto máximo en el que el fuego se me fue de las manos y casi quemo mi cuarto. Menos mal que tenía el baño cerca y pude llevar-aún no sé cómo-el papel en llamas hasta el lavabo). Pues para rizar el rizo, en el interrail que hice este verano por Portugal me compré un sello para lacre con mi inicial, en una tienda de antigüedades preciosa. Y ahora lo estampo a la más mínima ocasión, aunque en estos casos sí que es imprescindible un sobre de solapa triangular para que el resultado quede bonito.

Recibir cartas no se parece en nada a recibir mensajes virtuales. Encontrarte el sobre esperándote en el buzón, la calidez del papel, la letra de la otra persona… Todo cuenta. Y para mí, además, tiene un valor añadido: la absoluta privacidad. No es lo mismo que escribir en facebook o por correo electrónico, que a saber cuántos años se queda eso dando vueltas por la red. Con la correspondencia postal, sin embargo (por lo menos en este país), escribes carta-cierras sobre-el destinatario abre y lee. Y ni dios se entera de lo que has escrito ahí, exceptuando al destinatario.

¿Y vosotros, habéis escrito- u os han escrito- alguna carta? ¿Las consideráis una inutilidad en pleno siglo XXI? 😉

Despidiéndonos del año

30 Dic

Creo que estas viñetas de Mafalda expresan magistralmente el sentir general respecto al año nuevo que se avecina:

Mafalda es atemporal y sus tiras siguen plenamente vigentes en la actualidad, pero a veces me gustaría que Quino la resucitara. Sin duda, tendría muchísimo que decir acerca de la situación que estamos viviendo a nivel mundial. Porque con la que está cayendo…

En fin, que tengáis un magnífico 2012 todos =)

El día que perdí la inocencia

19 Dic

Hoy abro el post con una pregunta. ¿Vosotros recordáis exactamente cuándo dejásteis de creer en el ratoncito Pérez, los Reyes Magos y esas tiernas ridiculeces?

Yo no sé si soy rara, pero no lo recuerdo, a pesar de que siempre nos refiramos a ello como el no va más  de los traumas infantiles y el que marca casi el fin de la infancia. Además, tampoco hubo una conversación con mis progenitores ni preguntas incómodas hacia ellos. Conociéndome como me conozco, supongo que las cosas fueron más o menos así:

1. Razonándolo, me di cuenta de que los Reyes Magos no podían existir (eso debió ser así porque yo soy mucho de racionalizar, y además tampoco recuerdo al típico compañero de cole cabroncete que te abre los ojos a la dura realidad).

2. Pensé en cómo lo iba a gestionar y me dieron penilla mis padres, que seguían tan emocionados pensando que yo creía en los Reyes. Hubiera sido una crueldad quitarles la ilusión, no me digáis que no.

3. Toma de la decisión menos dura: fingir durante unos años más que sí creía y de paso vivir del cuento un tiempecillo.

(Ay, si es que yo era un encanto de pequeña…).

Sin embargo, lo que nunca se me olvidará, mi trauma navideño por antonomasia, lo peor de lo peor, tuvo lugar apenas hace un par de años. Y fue tan horrible, que juré que nunca más volvería a creer en nada…

Para contar esta escalofriante historia, os pongo en antecedentes. Cuando era pequeña, todos los años veía la Cabalgata de Reyes con mis padres desde el balcón de una tía mía,  que vivía en un primero en una calle muy céntrica (ahora que lo pienso, ni que fuéramos aristócratas, parecía que no queríamos mezclarnos con la plebe o algo…). En aquellos felices años, mi hermano aún estaba en la mente del señor (por lo menos al principio, después hizo su aparición estelar y también nos lo llevábamos) y mi primo Rubén, que me lleva 4 años, se venía siempre con nosotros (estábamos siempre juntos, parecía un hijo más de mis padres). Y el muy cabrito me sacaba rabia porque a él le ponían los regalos en su casa la noche del 5, al volver de la cabalgata, y yo me tenía que esperar hasta la mañana siguiente. Yo tenía un chaquetón de pelo blanco súper calentito, que me encantaba porque me parecía regio a tope. Si localizo una foto, hasta puede que edite la entrada con ella…

Como éstos.

Bueno, pues el caso es que nos juntábamos en el balcón de mi tía miles de personas: tíos, primos, amigos de mis padres con sus hijos… Y COGÍAMOS MILLONES DE CARAMELOS. De verdad, era una cosa bestial, nos poníamos a chillarles a las carrozas como descosidos y a vacilar a los pajes cosa mala (“¡¡a que no llegáis, pringaos!!”) y ellos, con toda su mala hostia, nos tiraban caramelazos con una fuerza inusitada. Con tanta, que a veces hasta atravesaban los caramelos la terraza y llegaban a entrar en la casa; y todos los años alguno de los primos pequeños acababa llorando porque le habían acertado de lleno en la mollera (además, entonces los caramelos eran de los duros, que molaban más). Cogíamos tantos, tantos caramelos, que después venía mi madre o una de mis tías a organizarnos para que cada niño nos lleváramos exactamente la misma cantidad a casa (“¡¡Venga!! Dándole la vuelta a los bolsillos ya mismo, que los pequeños han cogido menos y eso no puede ser… Hale, todos los caramelos encima de la mesa. Tú, vacíate ese bolsillo interior también, que te he visto, te crees muy listillo… Y ahora, ya que hemos reunido todos, dividimos en partes iguales.”). Cogíamos tantos, tantos caramelos, que nos duraban hasta febrero. Cogíamos tantísimos caramelos, que mi padre y mis tíos se reservaban un puñado para tirárselos con saña a los pajes y para intentar encestar alguno en el trombón de la banda, cuando pasaba al final. Y se descojonaban, aunque yo creo que nuestro balcón era el más odiado de la calle… Total, que la Cabalgata de Reyes constituye uno de los recuerdos más preciados de mi infancia.

Luego empecé a ir con mis amigos y a verla a pie de calle, como las personas. Y me desilusioné bastante porque cogía muchos menos caramelos que antes, a pesar de luchar a muerte contra niños pequeños, los padres de esos niños y sus abuelos, que son los peores. Apenas dos puñaditos y encima, como ahora son blandos, casi que te los vas comiendo de camino a casa con el ansia y cuando llegas ya no te queda ninguno.

Pues hace dos años, llegué de la cabalgata indignadísima y empecé a darle la murga a mi madre, que me esperaba en casa con el brasero:

– ¡¡¡¡Seis caramelos!!!!! Seis caramelos, tú te crees (ten, te he guardado dos). Vamos, hombre. Hace falta tener poca vergüenza. Por falta de presupuesto, dicen que es. Pues será, porque somos la provincia donde menos kilos tiran, que son unos miserables, pero también les gusta mucho a los concejales quedarse sacos enteros y repartírselos luego a sus hijos y a sus amiguetes, porque de esas toneladas que decían que iban a tirar, te digo yo que no han tirado ni la mitad…

– Virginia…

– …y que sí, vale que el Ayuntamiento no tenga dinero para caramelos. Pero es que nos toman por tontos, que después los de Cultura en comidas y cenas no recortan. Claro, en caramelos y en visitas nocturnas a la Alcazaba, que cada verano hay menos, pues en eso sí. Pero no, en sus cosas, en eso no. Hace falta ser sinvergüenza y caradura…

– Virginia, creo que deberías relaj…

– … y por lo menos ahora el séquito del rey Baltasar sí es negro de verdad, que me parecía de risa y de vergüenza que salieran cantamañanas con las caras pintadas… Ahora, que me pregunto si les pagarán a esa pobre gente, y cuánto. Que seguro que lo que hacen es abusar de los inmigrantes y darles una miseria. Mira, no vuelvo a ir otro año, porque para volver cabreada… ¡CON TODOS LOS CARAMELOS QUE COGÍAMOS EN EL BALCÓN CUANDO ERA PEQUEÑA; ES INCREÍBLE!

Y entonces mi madre, que llevaba un rato intentando meter baza sin éxito, me miró con los ojos y la boca muy abiertos y acto seguido empezó a retorcerse de risa en el sofá, ante mi incomprensión.

Cuando se calmó y pudo hablar, me confesó que lo que hacían todos los años era comprar un montón de caramelos y, cuando los pajes tiraban hacia nuestro balcón, los adultos disimuladamente tiraban puñados en la terraza sin que nos diéramos cuenta. Lo solapaban tan bien y nosotros estábamos tan emocionados, que ni nos coscábamos. “Pero vamos a ver… ¿tú te crees que tenía lógica que al final cogiéramos bolsones y bolsones de caramelos? ¡Pero si como mucho llegaban dos o tres a la terraza, desde la Cabalgata! Parece mentira, venir a enterarte ahora, al cabo de los años… yo creía que lo sabías desde hacía muchísimo tiempo”. Y en este punto mi madre se volvió a desternillar, todavía sin creerse mucho que tenía un hija tan parda y tan graciosa.

Pues no, no lo sabía. Y ese es mi mayor trauma de todos los tiempos, el de echar por tierra una creencia que mantuve hasta los 20-21 años. Manda huevos.

P.S. A pesar de todo, sigo teniéndole simpatía a los Reyes Magos; son unos tíos legales. De hecho, son los únicos reyes a los que les tengo simpatía; por mí todos los demás podían desaparecer, pero de verdad. Y, a pesar del disgusto, no he faltado a la cabalgata ningún año y sigo teniendo épicos combates con la gente que intenta apoderarse de mis caramelos.

P.S.2. Al día siguiente, vino a casa mi primo Rubén y a mi madre le faltó tiempo para decirle “Mira de lo que se ha venido a enterar tu prima ahora…” Y cuando vio que Rubén ponía exactamente la misma cara que yo la noche anterior, volvió a quedarse boquiabierta y, acto seguido, a carcajearse abiertamente. Somos unos pobres incomprendidos.

Resaca electoral

22 Nov

El día de ayer, 20N (elecciones generalísimas, que decía un amigo), lo pasé íntegro en el colegio electoral como apoderada de IU (por segunda vez; me estrené en las municipales). Como ya es tarde y aún arrastro cansancio, sólo voy  a dar unas breves pinceladas sobre un día que dio para mucho.

Lo mejor: sin dudarlo, y como siempre, la gente. Y eso engloba:

– A mis compañeros apoderados de IU, con los que echaba ratitos de charla cuando la cosa estaba tranquila. Personas magníficas todas, de esas que te enriquecen cuando hablas con ellas.

– Bueno, los apoderados de otros partidos también fueron majos ayer, todo hay que decirlo (no queráis saber algunos energúmenos con los que coincidí en mayo¬¬).

– Mis amigos, que me fueron buscando por los distintos colegios por donde estuve, votaran allí o no, para llevarme víveres y hacerme compañía durante algunos momentos. Hubo incluso valientes que se quedaron al escrutinio y así acabaron de ver todo el proceso democrático. Gracias.

– Algunas personas que tras votar me guiñaban un ojo, o directamente se acercaban y me daban la mano, mientras decían “a ver si tenemos suerte, yo ya he puesto mi granito de arena”.

– Por supuesto, los 11 escaños de IU, toda una alegría. Y particularmente contenta por Alberto Garzón, buen amigo que dará mucha caña en el Congreso y hará que nos sintamos orgullosos. Estoy segura.

Lo peor:

– La pena y la rabia al ver a mucha gente colaborando y defendiendo a saco a unos partidos que no van a dar la cara por ellos. Nunca lo han hecho. Y creo que ya hemos tenido bastantes evidencias, pero hay personas muy “ultras”.

– El cansancio. Aunque mereció la pena, cuando dieron las diez ya estaba reventada, y aún faltaba mucho para acabar. Y eso que sólo tuve que llevar a la sede de IU las actas del Congreso y no tuve que esperar por las del Senado, pero con todo y con eso el día se hizo largo. Y había un presidente de mesa al que tenía ganas de matar, lo juro xD. Pero aguanté ahí con la sonrisa puesta (aunque fue menguando conforme pasaban los minutos, lo admito).

– La mayoría absoluta del PP… Ay. Ay, ay, ay. Estoy viendo que ya sí que no van a salir nunca las becas FPU y que jamás voy a tener un futuro laboral digno, a no ser que huya. Y me jodería bastante irme si fuera por obligación. La sanidad arrasada (especialmente las políticas de prevención, que son las primeras en caer), la educación (aún más) desmantelada. Adiós, ley de dependencia. Hola de nuevo, tabaco en sitios cerrados. En fin, nada me gustaría más que equivocarme, pero reconozco que hoy he tenido momentos de auténtico bajonazo. Pero nada, procuro sacudírmelos tan pronto como vienen. Hay que mantener el ánimo alto, IU seguro que lo va a hacer muy bien y la lucha tiene que continuar en las calles.

Bueno, y también hubo cosas que no sabría dónde englobar, como las veces que me dijeron “pero si tú eres demasiado guapa para ser de IU” (pues gracias, pero no sé cómo tomarme eso ¬¬); la cantidad de gente que no tenía claro lo de las distintas papeletas y me preguntaba lo que era el Congreso y lo que era el Senado; las horas punta y las colas inacabables (molaba ver tanta participación, pero al cabo de un rato agobiaba porque las salas eran muy pequeñas), etc.

La verdad es que es toda una experiencia, te quedas con un montón de anécdotas y vives el día de forma más intensa. Y bueno, la guinda ha sido coger el tren a Granada esta mañana. El de las 05.45. Con el autor de este blog, que fue uno de los que se quedó al escrutinio, así que también se llevó su paliza. A pesar de todo, hemos sobrevivido también al día de hoy. Pero ya sí que me voy a la cama; buenas noches.

Los malos humos

26 Oct

Por distintos motivos hoy estoy un poco que muerdo, así que cuidadín 😉

Esta mañana he ido caminando desde mi casa hasta la facultad de medicina. Como siempre, un poco más y me tengo que poner mascarilla anti-gas para poder salvar el trayecto respirando aire puro. El humo de los coches lo noto menos, porque yo voy por la acera y ellos por la calzada (aunque no por eso deja de joderme), pero el humo de los cigarros me mata. Aunque en fin, entiendo que se trata de la vía pública y no soy tan talibán como para sugerir que se prohíba fumar también en la calle, no va por ahí la cosa.

Las aceras de la avenida donde vivo no son muy anchas y siempre están muy concurridas. Juraría que más de la mitad de las personas con las que me cruzo van con un cigarrillo encendido, de forma que voy siempre envuelta en una neblina que me asfixia y me hace toser. Hay que sumar cuando paso al lado de una marquesina de autobús, donde muchísimos de los que esperan están también fumando, ahí en plan concentración. Me quedo con ganas de apagarles el cigarrillo en el ojo, pero me las aguanto, qué le vamos a hacer.

El factor clave que hace que las calles por las que camino sean un hervidero de gente (incluyendo a fumadores) es que en ellas se encuentran el Hospital Traumatológico (al lado de mi casa) y el San Cecilio (al lado de Medicina), y alrededor de los hospitales siempre hay mucho trasiego. Eso lo puedo comprender. Lo que no entiendo y me llena de estupor es el hecho de que también contribuyan al humo que respiro muchos médicos y trabajadores del hospital, que se paran a fumar a lo largo de toda la acera. Sin quitarse la bata. Ahí, con dos cojones.

Lo sé, lo sé. Los médicos, los enfermeros, los farmacéuticos, los fisios, los auxiliares… TODO el personal sanitario, por encima de ser personal sanitario, es persona (hasta yo : P). Y las personas nos caracterizamos por ser bastante incongruentes… porque en fin, hay que serlo para insistir en fumar después de la caña que te dan en la facultad con la nicotina, el alquitrán y el resto de porquería. Pero bueno, como digo somos seres humanos y nadie está a salvo de tener una pequeña adicción.

El problema es que, tal y como yo lo veo, cualquier sanitario tiene entre sus competencias la EDUCACIÓN SANITARIA, aparte de las labores puramente asistenciales. Y dime tú con qué cara les dices a tus pacientes que es mejor que dejen el tabaco si 5 minutos antes te acaban de ver fumando como un descosido en la puerta del hospital. Amigo mío, acabas de firmar tu sentencia para tener credibilidad cero. Porque la salud debe promocionarse con actos, no sólo con palabras. Jopé, que una cosa es que tu familia y tus colegas sepan que fumas y otra que le des ese “ejemplo” a tus pacientes (que te conocen únicamente como sanitario, no como persona).

Es como si ves a un bombero prendiéndole fuego tranquilamente a un árbol en la calle (asumimos que es bombero de verdad  -con su uniforme reglamentario- y que no viene de ninguna despedida de soltera). Seguramente te quedarías con cara de “¿¿cómorrr??”.

– Oiga, señor bombero, pero qué hace…

– Pues nada, ¿no lo ves? Que es mi descanso de media mañana, y a mí esto me relaja cantidad.

– Yaaa, pero… ¿por qué no quema papelitos en su casa? Que es, no sé, como menos peligroso…

– Que más quisiera yo que limitarme a eso, hijo, pero no puedo. Soy un poco pirómano y tal, me vienen las ganas y no puedo evitarlo, es donde me pille.

– Joder, pero es que encima hoy es un día de bastante viento. Se va a extender el fuego y el incendio de Roma va a ser chico al lado de éste.

– Mira, chaval, que no me des más la brasa. Si esto se me va un poco de las manos, llamo a mis compañeros que vienen con el camión cisterna y arreglado. Es que es increíble, ya no puedes ni emplear tu rato libre como quieras sin que venga a recriminarte el histérico de turno.

– …

Absurdo. Absurdo, absurdo, absurdo.

Pues eso. Que los sanitarios al menos podían quitarse la bata si es que van a fumar en la acera (lo que tampoco estaría mal a efectos de asepsia y esas cosas).

…Y qué bien se queda una después de desahogarse xDD

Resucitando a Carnot

11 Oct

Hace un momento, y después de muchísimos meses, me ha dado por mirar mi Fotolog, que sigue en el ciberespacio porque no cerré la cuenta cuando dejé de escribir (una, que es sentimentaloide). Me gustaba mucho el fotolog y la verdad es que me dio bastante rabia cuando la gente empezó a sustituirlo con facebook y tuenti (sí, se que facebook coexistió con el fotolog y blablabla, pero la mayoría de mis amigos y conocidos-yo incluida-tuvimos la “evolución” de esta manera).

El fotolog me gustaba, como digo, porque al no existir la inmediatez ni las “prisas” de las actuales redes sociales (características que por otra parte son una ventaja, ojo, no digo que no, y gracias a eso han sido una herramienta muy útil en movimientos como el 15M, por ejemplo) la gente se curraba más lo que escribía. La brevedad no era un requisito del fotolog, te permitía extenderte y hablar de lo que te diera la gana. Por supuesto, eso te permitía profundizar en el conocimiento de personas de tu entorno que también escribían sobre lo que les daba la gana. En ocasiones te hacían reír, en otras te hacían pensar, y en otras te sorprendían bastante: leyendo lo que escribe una persona llegas a descubrirla como quizás no lo harías de otra forma, y eso mola : P Bueno, ahora tenemos los blogs, pero no es un fenómeno tan generalizado como lo fue el fotolog en su día. O eso creo, siempre remitiéndome a mi entorno como “muestra”: en esa época, prácticamente todos mis amigos y conocidos tenían fotolog, y ahora no todos tienen blog. Lectores, ¿vosotros tuvisteis fotolog? 😉

Total, que repasando entre las entradas antiguas me he encontrado con ésta y la recupero para el blog: es una historietilla que siempre me gustó. Así que resucito a Carnot, pero también resucito a mi tierno e inocente yo del pasado, que empezaba 2º de carrera a finales de 2007 xD. Con ellos os dejo.

“Como aún me dura el contento por haber aprobado el parcial de física, actualizo con algo que jamás hubiera puesto de haber suspendido 😛 

Se trata de una de las pequeñas biografías de físicos con las que nuestro profesor nos deleita durante alguna clase que otra, para hacernos más llevadera la termodinámica. Hoy, Sadi Carnot.

Recupero hasta la imagen del amigo

Este físico francés vivió en el siglo XIX y se considera el primer ingeniero de la Era Moderna. Hombre brillantísimo, planteó lo que hoy conocemos como “enunciados de Carnot” sobre máquinas térmicas, y calculó su rendimiento, algo que ha sido esencial no sólo para el desarrollo de la física, sino también para nuestra vida tal y como la conocemos. 

En fin, tras la breve introducción cuento lo que realmente me llamó la atención cuando lo dijo el profesor. Resulta que, por desgracia, Carnot murió a los 36 años (en 1832) durante una epidemia de cólera que asolaba Francia, dejando un montón de trabajos sin publicar. Por aquel entonces, la ley obligaba a que cuando alguien muriese por esta enfermedad se quemasen todas sus pertenencias: ropa, libros, muebles… Prácticamente todo lo que tuviese en su casa, para evitar el contagio. Como podéis imaginar, esta medida imposibilitaba que el trabajo de Carnot se pudiese publicar: debía ser quemado, como todo lo demás. 

Pero Carnot tenía unos amigos que, aunque no sabían ni una palabra de física, se daban cuenta de que él era una persona extraordinaria y genial. Así que entraron en su casa y “robaron” sus papeles para guardarlos y ponerlos a salvo, jugándosela doblemente (por un lado, estaban infringiendo la ley; y por otro, sabían que se estaban exponiendo a un posible contagio). Unos años más tarde, cuando ya tenían la seguridad de que no iban a levantar sospechas, los mandaron a lord Kelvin, en Inglaterra, que reconoció la importancia del trabajo de Carnot y lo publicó, por fin. Así es como ha llegado hasta nosotros. 

No sé lo que tendrá de leyenda y lo que no, pero me parece un relato precioso de amistad, valentía y lealtad. Cualidades tan importantes como la genialidad, en este caso, ya que completaron la obra del físico e hicieron posible que trascendiera.

Un beso!! 

P.D. Y para todos aquellos que estéis pensando que al final me meteré en el departamento de física… NO!! Jajaja :P”

P.D. No dejo el vínculo a mi fotolog porque me parece que ya es pasarse con el “remember”. Y de todas formas, si os empeñáis lo vais a encontrar xD