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Empatía y literatura

17 Mar

Siempre me ha parecido que los despiadados carecen de imaginación literaria -esa capacidad que nos dan las grandes novelas de meternos en la piel de otros-, y son incapaces de ver que la vida da muchas vueltas y que el lugar del otro, en un momento dado, lo podríamos estar ocupando nosotros, en dolor, pobreza, opresión, injusticia, tortura.

“El olvido que seremos”, Hector Abad Faciolince.

En Navidad leí este libro, y automáticamente pasó a convertirse en uno de mis favoritos. Podría haber subrayado millones de frases (y no lo hice porque me lo habían prestado, en cuanto me lo compre lo haré), pero ésta en concreto me llamó la atención y la apunté.

La novela no es el único género que leo, pero siempre me ha gustado y he leído mucha. En ocasiones he regalado algunas de mis novelas favoritas, de esas que opino que todo el mundo debería leer y que gustan sí o sí. Y creo que he acertado: cuando las personas en cuestión se las han leído, casi siempre me lo han confirmado. Otra cosas es que las lean, claro…

Y la frase que aquí traigo me parece totalmente adecuada. Es necesario y recomendable leer de todo, claro, pero la novela tiene una capacidad de emocionar que no tiene el ensayo, por ejemplo (que es  más útil para profundizar sobre un tema o para reafirmarnos  en lo que ya creemos). Nada desarrolla en nosotros la empatía como los géneros puramente literarios: novela, poesía, teatro. Alguien podrá argumentar que el cine sí que lo hace, y estoy de acuerdo. Pero me parece que no al mismo nivel: cuando ves una película te dan muchas “cosas hechas”: escenografía, banda sonora… Y cuando lees, estáis únicamente el libro y tú, y sólo tú puedes imaginar las situaciones que te cuenta. Igual que frente a una persona: únicamente la persona y tú, y tu capacidad para empatizar que hará que la comunicación sea más cercana, fluida y sincera.

Por cierto, tampoco quiero que se me malinterprete: con esta reflexión no pretendo decir que automáticamente es un desalmado todo el que no lee, o que no lee novela : P En cualquier caso, depende de la persona (al parecer, Hitler era un lector voraz…), pero lo que sí creo es que a los seres humanos medianamente normales (qué poco me gusta utilizar esta palabra, supongo que aquí lo de “ser normal” podría traducirse como “no ser un perturbado asesino”) leer les abre la mente y les hace ser un poquito mejores personas.

¿Restaurar respetando o innovando? La Alcazaba de Almería

11 Feb

Como Almería no suele salir mucho en las noticias, me entero de las novedades cuando voy por allí. Y el último fin de semana que estuve me tocó indignarme de la aberración que se ha cometido en la Alcazaba. (Aviso a navegantes: post largo, tomaos vuestro tiempo :P).

 

La Alcazaba y sus planchas denigrantes...

Como veis en la imagen, se han colocado en la muralla dos placas enormes de acero corten, que le pegan tanto como a un santo dos pistolas (sin desarrollar el símil: ya sabemos que muchos santos de la iglesia católica mataban a la gente que era un gusto). La cosa es, como denuncia la Asociación de Amigos de la Alcazaba de Almería, que ese material no tiene absolutamente nada que ver con la tradición arquitectónica del resto de la Alcazaba. Es simplemente un “parche” que hace daño a la vista, y está claro que la restauración de la muralla se podía haber hecho siguiendo unos criterios más respetuosos con la historia de Almería y con la estética en general.

Y aquí es donde podemos plantearnos una cuestión interesante. Cuando se restaura un edificio antiguo, ¿debemos restaurar simplemente y dejarlo “como estaba” hace cientos de años, o es lícito que pongamos nuestro toque de modernidad y de siglo XXI? Hay quienes afirman que si únicamente nos dedicamos a restaurar y a continuar con los cánones arquitectónicos del pasado, en el futuro no dejaremos nada representativo del tiempo en el que vivimos. Al fin y al cabo, somos hijos de nuestra época, y lo mismo que esto se refleja en las costumbres sociales, también queda patente en los edificios: por ejemplo, si en un barrio se levanta una iglesia, con toda seguridad no se va a hacer un edificio gótico; y las casas en las que habitamos poco se parecen a las casas del imperio romano. La verdad es que es un tema que da pie a la reflexión.

Ahora bien, una cosa es que se construyan enormes rascacielos y edificios “raros” y modernos, y otra muy distinta es que los construyamos encima de edificaciones históricas. Desgraciadamente, esto se ha hecho en todas las épocas y con el tiempo “lo nuevo” también acaba pasando a ser “histórico”. Recordemos, si no, el palacio de Carlos V en la Alhambra. Sí, es emblemático y todo eso, pero cuando pienso en que los Reyes Católicos en su día se cargaron una parte de la Alhambra para construirlo me pongo enferma. Otro tanto con iglesias católicas que se han levantado encima de mezquitas, sinagogas, etc. Por razones de historia y de trasiego de distintas civilizaciones, nuestro país está lleno de ejemplos similares.

Pero hay varias formas de restaurar. El arquitecto puede “dejar su toque” siendo totalmente respetuoso con el edificio, sin que se note demasiado y haciendo un guiño simpático (pensad en el astronauta de la catedral de Salamanca); o bien puede tirar de egolatría y ganas de crear polémica y levantar un engendro que en nada se corresponde con su entorno natural ni con el resto de la construcción. Un ejemplo clarísimo es lo que ha ocurrido en la Alcazaba, pero también pienso en la bodega Marqués de Riscal (una de las más antiguas de La Rioja), proyecto del que se encargó el mismo arquitecto del Guggenheim. Y supongo que habrá gente que se me tirará al cuello por criticarla. La construcción en sí no es fea del todo, habría quedado bien en cualquier otro lugar, pero creedme, yo he pasado por el lado y no pega absolutamente nada con el paisaje.

 

Marqués de Riscal

 

En fin, en lo de la Alcazaba queda claro también que la culpa no es exclusivamente del arquitecto. Él realizó su proyecto, la Junta de Andalucía lo ha aprobado y el Ayuntamiento de Almería ha concedido el permiso de obras. En qué estaba pensando la Junta, no lo sé (seguro que en la Ley de Patrimonio Histórico no), pero ya estamos acostumbrados a que no se esmere mucho con Almería. Que la Alcazaba no sea un monumento famosísimo (porque no se promociona bien, a pesar de ser la segunda construcción árabe más grande de España) también ha contribuido: me pregunto si se habría aprobado este proyecto para “restaurar” la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba o la Giralda de Sevilla.

Ojalá se haga caso a la opinión pública de los almerienses y se retiren esas dos planchas denigrantes. De momento, la Asociación de Amigos de la Alcazaba, al margen de otras iniciativas y en clave de humor, ha realizado recreaciones de cómo quedarían las placas de acero en algunos otros monumentos bien conocidos por todos. Echad un vistazo…

 

El anuncio de Coca Cola, o por qué el mundo no va a mejor

2 Feb

No se puede negar que Coca Cola tiene un gran equipo de publicistas y ha hecho muy buenos anuncios (ahora se me vienen a la cabeza el de “despedido” y el del niño que intenta reconciliar a sus padres). Pero creo que somos varios los que opinamos que el último es una tomadura de pelo a lo grande. Lo dejo aquí por si alguien aún no lo ha visto, cosa que dudo mucho (el bombardeo en televisión es constante, hasta para quienes la vemos poco).

De modo que por cada tanque que se fabrica, se fabrican 131.000 peluches. Apuesto que la mayor parte de esos peluches no llegan precisamente a los niños de los países donde los tanques están en la calle. De hecho, y desgraciadamente, esos niños crecidos en un ambiente de guerra no tienen infancia en absoluto.

Otro tanto con la persona corrupta y los donantes de sangre. Una sola persona corrupta, que esté situada bien arriba, puede liarla lo suficiente como para arrasar un país entero y cargarse su cobertura sanitaria, por muy buena voluntad que tengan esos ciudadanos que donan. Sin duda es un alivio saber que hay un millón de mamás haciendo pasteles de chocolate, pero en contrapartida hay unos cuantos millones más que ni siquiera tienen nada para dar de comer a sus hijos. En un país desarrollado económicamente, claro que hay parejas que buscan un hijo. Lo malo es que te toque nacer en cualquiera de “los otros países”, donde por falta de educación sanitaria y de medios acaban viniendo más niños de la cuenta, por supuesto más de los que una familia puede mantener. Y puede que hasta con sida y otras enfermedades que aquí se evitan con mayor facilidad. Y así podría seguir y seguir…

En definitiva, lo malo del anuncio es que está dirigido a ciudadanos del primer mundo, felices y satisfechos con su paz doméstica. Ahora se hace más evidente que nunca que el mundo está mal, que el sistema que tenemos es erróneo. Y por mucho que se quiera “desinformar”, cualquier persona por poco avispada que sea puede darse cuenta de ello, aunque su única fuente de información sean las noticias de cualquier telediario (entre anuncio y anuncio de Coca Cola, claro). El anuncio parece hecho ex profeso para recordarnos que sí, que pasan cosas malas, pero que en cualquier caso están muy lejos. Que se compensan con otras cosas buenas (que, por supuesto, sólo disfrutamos nosotros). Que no se nos ocurra plantearnos actuar. No merece la pena, se acabará arreglando solo. Como en los cuentos, que acaban ganando los buenos (y sería más exacto decir “los protagonistas”). Resumiendo: “estáte tranquilo y quietecito”.

Que nadie piense que esto es un alegato del pesimismo. Al contrario, defiendo firmemente la alegría y la felicidad. Pero siempre que esa felicidad no sea una venda en los ojos ni mantenga dormidas las conciencias.

Pensadlo.

 

Una imagen curiosa que he encontrado en la red.

P.S. Por cierto, a los de Coca Cola les encanta llenarse la boca hablando de felicidad y de que el mundo mejora, pero la empresa ni ha contribuido ni contribuye a esas dos desideratas. Por poner un ejemplo, echad un vistazo aquí.