Archivo | Reflexiones RSS feed for this section

Belleza literaria

8 Jul

A veces leo novelas que me gustan, me entretienen e incluso con las que aprendo. Paso buenos ratos con ellas y no les pido más, me satisfacen y de vez en cuando hasta las recomiendo, si me parece que merecen la pena.

Pero en ocasiones, como ahora, leo algún libro de Antonio Muñoz Molina. Y ay. Cómo cambia todo, cómo disfruto, cómo me acarician las palabras. ¿Cómo puede estar tan bien escrito? ¿Cómo he podido vivir hasta ahora sin leer esto? Esas son sólo dos de las muchas incógnitas que pasan por mi cabeza durante la lectura. Cuando acabo me quedo siempre un poco desmadejada, como con pena por bajar de nuevo a la realidad que sin embargo está muy presente en sus novelas. Y si fumara, sería ese justo el momento en el que encendería un cigarro y me lo fumaría sin prisas, exhalando el humo despacio mientras pienso en lo que acaba de ocurrir en mi mente.

La derrota está muy presente en sus escritos, pero narrada siempre con delicadeza, como si nos estuviera acunando con ella.  A mí, no sé por qué, siempre me evoca la siguiente sensación: estás viajando en un tren nocturno, luchando por contener las lágrimas, y de repente el desconocido del asiento de al lado, sin decir nada y sin mirarte casi, te ofrece un pañuelo desechable. Entonces finalmente te rompes en llanto, mezclando el motivo primigenio con la hermosura del gesto, un extraño que no te conoce y sin embargo tiene la humanidad de darte un pañuelo casi a escondidas, sin preguntas, para no avergonzarte. La situación no ha mejorado, pero te sientes absurdamente reconfortado. Y quién sabe, puede ser ese acto mínimo el que te dé fuerzas para levantarte con un nuevo ímpetu al llegar a la estación de destino.

El libro que estoy leyendo ahora, Sefarad, está lleno de pequeñas joyas que hablan de pérdida, pero también de insumisión, de esa cierta rebeldía necesaria para levantarnos. Me parece un regalo, esa o cualquiera de sus novelas, y quería compartirlo aquí por si acaso alguno de mis escasos lectores aún no se ha atrevido con nada suyo, aunque dudo que no sea así.

(Y sigo dando gracias por no fumar. Desde mi posición de no fumadora, casi llegué a echar de menos tener a mano incontables cigarrillos e innumerables vasos de ginebra mientras leía El invierno en Lisboa).

night train

El cierre de una casa

17 Nov

jilgueroEl sábado estuvimos vaciando el piso donde vivieron siempre mis abuelos de alquiler, con mi madre y con mi tía hasta que se casaron. Igual de ellos he heredado lo de que al oír hablar de una hipoteca me salga urticaria, aunque tampoco me faltan razones. Di muchos viajes bajando cosas desde el tercero sin ascensor, aunque por suerte tuvimos ayuda para los bártulos más voluminosos y pesados. El sofá, el frigorífico, la estantería del salón, los sillones… mueble a mueble, la casa se fue quedando vacía.

CardiospermumHalicacabum070712b

Acabo de descubrir que se llama Cardiospermum halicacabum. Qué cosas.

En una de las ocasiones en que subía las escaleras corriendo, como hacía hace muchos años, pensé en lo estupendo que sería el que conforme yo corriera hacia adelante el tiempo fuera pasando hacia atrás, de forma que al llegar arriba fuese otra vez pequeña y la abuela me estuviera esperando en el rellano, sonriente y con la despensa llena de rosquillas, caramelos y frutos secos. La casa tendría todos los muebles en su sitio y el abuelo estaría en el cuarto de estar, trabajando en el banco de carpintería y llenándolo todo de virutas. Las decenas de trofeos que ganó pescando continuarían en su sitio. Juanico, el jilguero, piaría en su jaula. En la terraza seguiría estando la maceta de farolillos, y en la mesa de comedor ese pez gigante y hueco de cristal al que me gustaba tanto meterle el dedo en la boca. Puede que la tita Encarni también estuviera allí, sentada en el sofá haciendo crochet y charlando de cualquier cosa con mi madre, mientras Rubén y yo jugábamos con esos juguetes que los abuelos nos guardaban en una caja. Merendaríamos todos juntos y por la noche llegaría mi padre, al salir de Diputación, para recogernos y llevarnos a todos a casa. En aquel entonces no era obligatorio ponerse cinturón de seguridad en el coche y los niños no teníamos que utilizar sillita. Si éramos más de cinco personas, incluso hacíamos el viaje en las rodillas de algún adulto y no pasaba nada.

Echo tanto de menos esos tiempos. Los echo tanto de menos a todos.

Reincidimos

18 Oct

Hace un par de días me di una vuelta por aquí después de muchos meses de ausencia. Para mi sorpresa, descubrí que tenía comentarios nuevos (en realidad, la mayoría bastante antiguos, pero nuevos para mí al fin y al cabo). Un amigo incitándome a volver, otra persona que me contaba un hecho curioso en la entrada del monumento a los Coloraos, e incluso una chica cuyas aportaciones fueron “hay que matar a las lagartijas” y “tengo pánico a las lagartijas” en otra entrada aleatoria (Johnny, la gente está muy loca).

Luego miré el blogroll y me entró cierta ternura al volver a franquear el umbral del espacio de mis amigos. Por cierto que varios blogs ya no existen, otros muchos quedaron congelados hace un año o dos y una digna minoría sigue resistiendo. Compruebo con asombro que otro ha vuelto recientemente, tras un período de hibernación. En cualquier caso urge actualizar los enlaces. Elimino con pena los que ya no están operativos, añado otros y me niego a borrar a los que duermen. Quizás algún día despierten.

Mi blog nunca fue la caña, pero era un espacio por el que de vez en cuando se pasaba gente y donde a veces surgía la comunicación. Y que me ha hecho pasar muy buenos ratos, y eso ya es bastante. Volver a husmear por aquí me hizo sentir como volver a estar en casa.

Así que… aquí estamos de nuevo.

No sé por cuánto tiempo. No sé sobre lo que me apetecerá escribir. Sí sé que si ya antes tenía poco feedback, aún en la temporada en la que a todos nos dio por los blogs, ahora voy a tener incluso menos. Pero qué más da. Vuelvo.

Y qué mejor imagen para hacerlo que ésta que recupero y que tiene unos cuantos años (que me perdonen los implicados). También era otoño y precisamente también volvíamos a casa después de una larga marcha.

Bienvenidos otra vez a este rincón.

???????????????????????????????

La Alhambra, 4 años después

20 May

El miércoles pasado estuve en la Alhambra: habían pasado 4 años desde mi última visita. Cuando llegué a esta ciudad, me hice una promesa: mientras viva en Granada, tengo que recorrer la Alhambra de tanto en tanto. Y es un sitio que me gusta tanto que no debería ser nada difícil de cumplir; pero desde la última vez ha pasado mucho tiempo y en ese tiempo han ocurrido muchas cosas.

La última vez que fui estaba a las puertas de mi andadura farmacéutica, en 2º de carrera. Hacía unos meses que había entregado un herbario confeccionado con primor en la asignatura de botánica, bregaba para recuperar la fisicoquímica de primero y creía que el final de la licenciatura estaba lejísimos. Hoy, después de hacer mis pinitos investigadores en el departamento de Microbiología y decidir que aquello del biodiesel no era lo mío, me encuentro arrimada al de Salud Pública, contentísima, acabando el máster y deseando tener la suerte de que una beca FPU me vincule formalmente. Pero antes de llegar hasta aquí hice las prácticas de fin de carrera, que para mí fueron un acontecimiento importante porque me reconciliaron con el mundo de la oficina de farmacia. Siempre había pensado que no quería eso bajo ningún concepto, pero al hacerlas descubrí que me encanta el contacto con la gente. Espero quedarme en la universidad, pero si finalmente eso no fuera posible sé que tengo otra puerta abierta que también me haría feliz, y eso es una suerte.

Las cosas para la gente que conozco también han cambiado mucho. Una chica estupenda, a la que no veo tanto que me gustaría, empezaba su residencia en aquella época y desde hace pocos días ya es una flamante médico de familia. Varios de mis compañeros de farmacia empiezan el FIR ahora. Mi hermano, que era un micaco, está a punto de entrar en la universidad (ánimo, Pablito). Tras algún Erasmus que otro, casi todos mis amigos han acabado sus respectivas carreras o están a punto. En lo que a amores se refiere, ha habido rupturas y creación de nuevas parejas, así como situaciones un poco más indefinibles. Algún amigo ha llegado hasta el Congreso. Otro se acaba de independizar, y lo primero que hizo en cuanto estuvo instalado fue invitarnos a merendar y poner su casa a nuestra disposición si lo necesitábamos, haciendo gala de esa generosidad enorme que le caracteriza. Creo que en general la vida no nos ha tratado del todo mal (por lo menos aún), y en los tiempos que corren eso también es una suerte.

Y es que, si hablamos de los tiempos que corren, el mundo también ha cambiado mucho desde entonces. Hace 4 años no eran muchos los que estaban familiarizados con eso de la prima de riesgo y las agencias de calificación, yo desde luego no. Evidentemente lo que tenemos encima no es una suerte, pero si nos empeñamos en ver algo positivo nos encontramos con la cantidad de gente que ha ido tomando conciencia, “despertando” y diciendo “basta” a lo largo de este tiempo. Algo que hacía falta, sin duda.

Por cierto que otra cosa buena del discurrir del tiempo son las personas nuevas que trae, o aquellas a las que te permite redescubrir. Son personas que te abren las puertas de su casa en la playa. Que discuten contigo apasionadamente sobre cualquier tema y te enriquecen. Que te convencen para hacer submarinismo con bombona, algo que no hubiera salido de ti en la vida. Que amplían tus conocimientos de cine. Que te enseñan a ser una buena epidemióloga. Que se prestan a que les saques sangre. Que en dos días organizan contigo un interrail y allá que os vais. Que te organizan rutas albayzineras en las que no dejas de aprender. Que te acompañan a exposiciones, a los comedores, a manifestaciones y a cualquier sitio. También a la Alhambra.

De todos los cambios buenos y malos de estos años, me quedo con la cantidad y calidad de la gente que quiero y que me quiere, nuevos y antiguos. Porque haciendo balance, en todos estos años no ha disminuido ni un poquito. Y eso, creo, es la mayor suerte de todas.

Mientras tanto, ajena a los cambios, la Alhambra permanece en su sitio inmutable y hermosa. Me pregunto qué cosas nuevas habrán sucedido en mi vida la próxima vez que camine por sus palacios y jardines.

Comunicación anacrónica

17 Ene

Supongamos que estáis en vuestro cuarto tranquilamente, estudiando, escuchando música, leyendo o lo que sea… cuando de pronto, por la cara, se declara un incendio espontáneo. Todos nuestros efectos personales van a quedar carbonizados, reducidos a cenizas, todo perdido. Tras años y años de magníficos simulacros de incendio en el cole/instituto (jaja) hemos aprendido que debemos abandonar el edificio de inmediato, sin coger NADA material. Aún así, decidimos violar las normas de seguridad: vamos a arriesgarnos a coger una sola cosa de nuestro cuarto antes de salir por patas. Algo muy querido, que nos dolería especialmente perder para siempre. ¿Cuál sería vuestra elección?

El otro día se me ocurrió pensar en esta absurdez y yo enseguida lo tuve claro: un libro con pinta de incunable que tengo en mi estantería, que en realidad es una caja. Bueno, y una carpetita que hay pegada a él, de forma que podría coger las dos cosas con el mismo movimiento 😛

En esa caja, aparte de varios papeles que conservo por motivos puramente sentimentales (la mayoría son entradas a monumentos, conciertos, exposiciones…), guardo aproximadamente una veintena de cartas. En la carpeta, unos cuantos folios en los que he ido volcando cavilaciones tan personales que ni siquiera tienen cabida en este blog, ni creo que le interesaran a nadie tampoco.

Como se desprende de lo anterior, siempre me ha gustado escribir, ya sea para mí o para otros. Especialmente a otros. Y en todos los formatos: email, sms, mensaje privado vía tuenti o facebook… y cartas. Sí, cartas. Correo postal de toda la vida, vaya.

Es verdad que la comunicación por esta vía se emplea cada vez menos por una serie de inconvenientes: el principal, el tiempo. Es mucho, muchísimo más rápido escribir un correo o hacer una llamada telefónica. Escribir una carta requiere sentarte un ratito, y esmerarte en la caligrafía… porque, por supuesto, las cartas siempre deben escribirse a mano y más si son personales (si yo recibiera una carta de este tipo escrita a ordenador, lo consideraría un poco una falta de respeto, la verdad). Requiere también acercarse al estanco y comprar un sobre y un sello. Por último, buscar un buzón: no siempre hay uno tan cerca como nos gustaría. Ah, y queda el hecho de que una carta no tiene la inmediatez de un correo o una llamada telefónica: dependiendo de las ciudades de origen y destino tardará en llegar uno, dos… o equis días.

Yo nunca las he usado como vía de comunicación principal, pero siempre me han encantado como complemento. Mi carta más lejana ha viajado hasta Stavanger, Noruega; la más cercana, a unas cuantas calles detrás de mi casa en Almería (tan cerquita, que directamente la eché yo misma al buzón de su destinatario). Entre medias Málaga, Granada, Madrid, Ciudad Real…

Reconozco también que soy bastante fetichista de la correspondencia postal, lo que se traduce en cumplir con una serie de detalles y pequeños rituales. Para escribir, prefiero usar pilot negro de tinta líquida. Aunque no es absolutamente necesario, me gustan mucho más las cartas en las que finalmente añado una postdata, aunque sea para decir una bobada. El doblez de los folios tiene que ser lo más perfecto posible. Los sobres autoadhesivos que venden en los estancos son mucho más fáciles de abrir para la persona que los recibe… pero a veces elijo uno de color o ésos en los que la solapa es triangular. Estos se suelen cerrar con saliva y vale, será todo lo antihigiénico que queráis, pero uno de los pequeños placeres de la vida es pasar la lengua por la goma de un sobre para cerrarlo. Ídem con los sellos, pero estos ya sí que son todos autoadhesivos y no hay que chuparlos (frustración por mi parte). Y finalmente… ¡el lacre! Ya de pequeña hice mis pinitos con él, aunque nunca lo usé para cerrar cartas: le pedí a mi madre que me comprara uno simplemente para saber cómo funcionaba aquello (y recuerdo un día de susto máximo en el que el fuego se me fue de las manos y casi quemo mi cuarto. Menos mal que tenía el baño cerca y pude llevar-aún no sé cómo-el papel en llamas hasta el lavabo). Pues para rizar el rizo, en el interrail que hice este verano por Portugal me compré un sello para lacre con mi inicial, en una tienda de antigüedades preciosa. Y ahora lo estampo a la más mínima ocasión, aunque en estos casos sí que es imprescindible un sobre de solapa triangular para que el resultado quede bonito.

Recibir cartas no se parece en nada a recibir mensajes virtuales. Encontrarte el sobre esperándote en el buzón, la calidez del papel, la letra de la otra persona… Todo cuenta. Y para mí, además, tiene un valor añadido: la absoluta privacidad. No es lo mismo que escribir en facebook o por correo electrónico, que a saber cuántos años se queda eso dando vueltas por la red. Con la correspondencia postal, sin embargo (por lo menos en este país), escribes carta-cierras sobre-el destinatario abre y lee. Y ni dios se entera de lo que has escrito ahí, exceptuando al destinatario.

¿Y vosotros, habéis escrito- u os han escrito- alguna carta? ¿Las consideráis una inutilidad en pleno siglo XXI? 😉

Despidiéndonos del año

30 Dic

Creo que estas viñetas de Mafalda expresan magistralmente el sentir general respecto al año nuevo que se avecina:

Mafalda es atemporal y sus tiras siguen plenamente vigentes en la actualidad, pero a veces me gustaría que Quino la resucitara. Sin duda, tendría muchísimo que decir acerca de la situación que estamos viviendo a nivel mundial. Porque con la que está cayendo…

En fin, que tengáis un magnífico 2012 todos =)

Resaca electoral

22 Nov

El día de ayer, 20N (elecciones generalísimas, que decía un amigo), lo pasé íntegro en el colegio electoral como apoderada de IU (por segunda vez; me estrené en las municipales). Como ya es tarde y aún arrastro cansancio, sólo voy  a dar unas breves pinceladas sobre un día que dio para mucho.

Lo mejor: sin dudarlo, y como siempre, la gente. Y eso engloba:

– A mis compañeros apoderados de IU, con los que echaba ratitos de charla cuando la cosa estaba tranquila. Personas magníficas todas, de esas que te enriquecen cuando hablas con ellas.

– Bueno, los apoderados de otros partidos también fueron majos ayer, todo hay que decirlo (no queráis saber algunos energúmenos con los que coincidí en mayo¬¬).

– Mis amigos, que me fueron buscando por los distintos colegios por donde estuve, votaran allí o no, para llevarme víveres y hacerme compañía durante algunos momentos. Hubo incluso valientes que se quedaron al escrutinio y así acabaron de ver todo el proceso democrático. Gracias.

– Algunas personas que tras votar me guiñaban un ojo, o directamente se acercaban y me daban la mano, mientras decían “a ver si tenemos suerte, yo ya he puesto mi granito de arena”.

– Por supuesto, los 11 escaños de IU, toda una alegría. Y particularmente contenta por Alberto Garzón, buen amigo que dará mucha caña en el Congreso y hará que nos sintamos orgullosos. Estoy segura.

Lo peor:

– La pena y la rabia al ver a mucha gente colaborando y defendiendo a saco a unos partidos que no van a dar la cara por ellos. Nunca lo han hecho. Y creo que ya hemos tenido bastantes evidencias, pero hay personas muy “ultras”.

– El cansancio. Aunque mereció la pena, cuando dieron las diez ya estaba reventada, y aún faltaba mucho para acabar. Y eso que sólo tuve que llevar a la sede de IU las actas del Congreso y no tuve que esperar por las del Senado, pero con todo y con eso el día se hizo largo. Y había un presidente de mesa al que tenía ganas de matar, lo juro xD. Pero aguanté ahí con la sonrisa puesta (aunque fue menguando conforme pasaban los minutos, lo admito).

– La mayoría absoluta del PP… Ay. Ay, ay, ay. Estoy viendo que ya sí que no van a salir nunca las becas FPU y que jamás voy a tener un futuro laboral digno, a no ser que huya. Y me jodería bastante irme si fuera por obligación. La sanidad arrasada (especialmente las políticas de prevención, que son las primeras en caer), la educación (aún más) desmantelada. Adiós, ley de dependencia. Hola de nuevo, tabaco en sitios cerrados. En fin, nada me gustaría más que equivocarme, pero reconozco que hoy he tenido momentos de auténtico bajonazo. Pero nada, procuro sacudírmelos tan pronto como vienen. Hay que mantener el ánimo alto, IU seguro que lo va a hacer muy bien y la lucha tiene que continuar en las calles.

Bueno, y también hubo cosas que no sabría dónde englobar, como las veces que me dijeron “pero si tú eres demasiado guapa para ser de IU” (pues gracias, pero no sé cómo tomarme eso ¬¬); la cantidad de gente que no tenía claro lo de las distintas papeletas y me preguntaba lo que era el Congreso y lo que era el Senado; las horas punta y las colas inacabables (molaba ver tanta participación, pero al cabo de un rato agobiaba porque las salas eran muy pequeñas), etc.

La verdad es que es toda una experiencia, te quedas con un montón de anécdotas y vives el día de forma más intensa. Y bueno, la guinda ha sido coger el tren a Granada esta mañana. El de las 05.45. Con el autor de este blog, que fue uno de los que se quedó al escrutinio, así que también se llevó su paliza. A pesar de todo, hemos sobrevivido también al día de hoy. Pero ya sí que me voy a la cama; buenas noches.

Resucitando a Carnot

11 Oct

Hace un momento, y después de muchísimos meses, me ha dado por mirar mi Fotolog, que sigue en el ciberespacio porque no cerré la cuenta cuando dejé de escribir (una, que es sentimentaloide). Me gustaba mucho el fotolog y la verdad es que me dio bastante rabia cuando la gente empezó a sustituirlo con facebook y tuenti (sí, se que facebook coexistió con el fotolog y blablabla, pero la mayoría de mis amigos y conocidos-yo incluida-tuvimos la “evolución” de esta manera).

El fotolog me gustaba, como digo, porque al no existir la inmediatez ni las “prisas” de las actuales redes sociales (características que por otra parte son una ventaja, ojo, no digo que no, y gracias a eso han sido una herramienta muy útil en movimientos como el 15M, por ejemplo) la gente se curraba más lo que escribía. La brevedad no era un requisito del fotolog, te permitía extenderte y hablar de lo que te diera la gana. Por supuesto, eso te permitía profundizar en el conocimiento de personas de tu entorno que también escribían sobre lo que les daba la gana. En ocasiones te hacían reír, en otras te hacían pensar, y en otras te sorprendían bastante: leyendo lo que escribe una persona llegas a descubrirla como quizás no lo harías de otra forma, y eso mola : P Bueno, ahora tenemos los blogs, pero no es un fenómeno tan generalizado como lo fue el fotolog en su día. O eso creo, siempre remitiéndome a mi entorno como “muestra”: en esa época, prácticamente todos mis amigos y conocidos tenían fotolog, y ahora no todos tienen blog. Lectores, ¿vosotros tuvisteis fotolog? 😉

Total, que repasando entre las entradas antiguas me he encontrado con ésta y la recupero para el blog: es una historietilla que siempre me gustó. Así que resucito a Carnot, pero también resucito a mi tierno e inocente yo del pasado, que empezaba 2º de carrera a finales de 2007 xD. Con ellos os dejo.

“Como aún me dura el contento por haber aprobado el parcial de física, actualizo con algo que jamás hubiera puesto de haber suspendido 😛 

Se trata de una de las pequeñas biografías de físicos con las que nuestro profesor nos deleita durante alguna clase que otra, para hacernos más llevadera la termodinámica. Hoy, Sadi Carnot.

Recupero hasta la imagen del amigo

Este físico francés vivió en el siglo XIX y se considera el primer ingeniero de la Era Moderna. Hombre brillantísimo, planteó lo que hoy conocemos como “enunciados de Carnot” sobre máquinas térmicas, y calculó su rendimiento, algo que ha sido esencial no sólo para el desarrollo de la física, sino también para nuestra vida tal y como la conocemos. 

En fin, tras la breve introducción cuento lo que realmente me llamó la atención cuando lo dijo el profesor. Resulta que, por desgracia, Carnot murió a los 36 años (en 1832) durante una epidemia de cólera que asolaba Francia, dejando un montón de trabajos sin publicar. Por aquel entonces, la ley obligaba a que cuando alguien muriese por esta enfermedad se quemasen todas sus pertenencias: ropa, libros, muebles… Prácticamente todo lo que tuviese en su casa, para evitar el contagio. Como podéis imaginar, esta medida imposibilitaba que el trabajo de Carnot se pudiese publicar: debía ser quemado, como todo lo demás. 

Pero Carnot tenía unos amigos que, aunque no sabían ni una palabra de física, se daban cuenta de que él era una persona extraordinaria y genial. Así que entraron en su casa y “robaron” sus papeles para guardarlos y ponerlos a salvo, jugándosela doblemente (por un lado, estaban infringiendo la ley; y por otro, sabían que se estaban exponiendo a un posible contagio). Unos años más tarde, cuando ya tenían la seguridad de que no iban a levantar sospechas, los mandaron a lord Kelvin, en Inglaterra, que reconoció la importancia del trabajo de Carnot y lo publicó, por fin. Así es como ha llegado hasta nosotros. 

No sé lo que tendrá de leyenda y lo que no, pero me parece un relato precioso de amistad, valentía y lealtad. Cualidades tan importantes como la genialidad, en este caso, ya que completaron la obra del físico e hicieron posible que trascendiera.

Un beso!! 

P.D. Y para todos aquellos que estéis pensando que al final me meteré en el departamento de física… NO!! Jajaja :P”

P.D. No dejo el vínculo a mi fotolog porque me parece que ya es pasarse con el “remember”. Y de todas formas, si os empeñáis lo vais a encontrar xD

Acto homenaje a los Coloraos

4 Sep

Comienza septiembre y abandono poco a poco la ociosidad total de las vacaciones, lo que también implica retomar el blog, que lo he tenido un poco abandonado.

Este verano no he cumplido con la ya casi tradición de visitar los refugios de Almería y la Alcazaba (esto último ha sido por causas de fuerza mayor, porque el ayuntamiento ha suspendido las visitas nocturnas este año -tijeretazo a Cultura- y visitar la Alcazaba en verano, a pleno sol… pues como que no). A donde sí he ido, después de varios años sin ir, es al homenaje a los Coloraos, que se celebra todos los 24 de agosto. A este acto dedico la entrada de hoy.

La historia de los Coloraos (llamados así por el color de sus casacas) se remonta al siglo XIX. Tras la proclamación de la Constitución de 1812 “La Pepa”, y su posterior derogación por el monarca absolutista Fernando VII en 1814, diez años después llegaron a las costas de Almería un grupo de liberales . Venían desde Gibraltar, y desembarcaron con intención de proclamar la libertad y restituir la Constitución. Fracasaron en su tentativa y la respuesta de los conservadores absolutistas no se hizo esperar: el 24 de agosto de 1824, 22 de ellos fueron fusilados. De rodillas, por la espalda, y sin juicio previo.

En 1868, ya más calmadas las cosas (y no lo sé con seguridad, pero me imagino que tras la euforia de  la Revolución Gloriosa) comenzó a levantarse un monumento en Puerta Purchena para rememorar este hecho (posteriormente los almerienses le acabaríamos llamando “pingurucho”, por su forma). Pero en 1943, ya instaurada la dictadura, a Franco se le ocurrió hacer una visitilla a Almería y… ZAS!! Monumento destruido (qué podemos decir de la cultura de los fascistas… es tan penosa como su ideología). Por suerte, en 1987 se reconstruyó el pingurucho, esta vez en la Plaza Vieja y con mármol de Macael. Y en él se colocó entonces una placa con esta emocionante inscripción (click para aumentar):

Volvieron a realizarse otra vez los homenajes, que se habían suspendido durante la dictadura, cada 24 de agosto. Se reúnen el alcalde y todos los concejales en el ayuntamiento, invitan a alguien a que dé un discurso (que se lee dentro, mientras los asistentes al acto esperamos fuera en la plaza muriéndonos de calor) y al final salen y se colocan coronas de laurel y rosas rojas a los pies del monumento. Y una de las cosas que más me gustan es la banda de música, que toca el himno de Riego y la Marsellesa (además de los himnos de Almería, Andalucía y España).

El pingurucho

A mí me empezaron a llevar de pequeña, y ya entonces me encantaba. Recuerdo ir con mi madre, con mis abuelos y con mi tía Encarni, que era militante acérrima del PSOE, pero del de Pablo Iglesias (siempre pienso que si hubiera visto lo de estos últimos años se hubiera desilusionado -y enfadado- muchísimo). Me llevaban, como digo, y era una especie de fiesta: recuerdo a todo el mundo alegre, el calor, los abanicos del ayuntamiento que se repartían para contrarrestarlo y a mis familiares saludando a muchísima gente. La mayoría eran amigos del partido que se encontraban allí. Se contaban el hecho histórico unos a otros con alegría (aunque todo el mundo lo supiese de memoria) y se pronunciaba mucho la palabra Libertad.

Este año he ido yo sola. Se ha juntado en la plaza bastante gente, aunque menos de la que recordaba de pequeña y casi todo personas mayores. Mientras esperábamos me he dado unas cuantas vueltecitas entre los grupillos, poniendo la oreja (pocas cosas hay tan entretenidas como gente mayor hablando, en serio). Y he oído de todo. Gente contando la historia de los Coloraos, otra vez; gente hablando de la crisis y del panorama político que tenemos… menos caras alegres que antes, la verdad. Y oí una cosa que me llamó la atención especialmente: un hombre quejándose de que tocaran el himno de Riego “porque es anticonstitucional, para eso tenemos una monarquía”.

Vamos a ver. Por supuesto, soy una chica prudente y no me iba a meter a contestarle a un señor que no estaba hablando conmigo siquiera y que puede muy bien tener sus ideas. Pero: 1) a la plaza se va a rememorar y a homenajear. Además, en el caso de que le hubiera contestado, podríamos haber tenido una conversación sobre por qué tenemos una monarquía en lugar de restaurar la república tras la dictadura. Y 2) el himno no es anticonstitucional porque la Constitución no lo prohíbe (en cualquier caso sería aconstitucional porque no viene recogido, si me equivoco que algún experto en derecho me corrija). Y, ya puestos a incordiar, estamos viendo estos días que resulta que la Constitución se puede modificar sin contar con nadie (tristemente). Así que nada, que me den un tippex y si todo el problema es que el himno de Riego no está en la Constitución como himno oficial de España, pues yo lo pongo (en mis sueños… aunque me encantaría, la verdad).

En eso iba pensando cuando me di de bruces con un viejecillo con el que coincidí en las elecciones del 22M (él, apoderado del PP; yo de IU) y que se tiró tooodo el día provocándome y semi-burlándose de mí, haciendo gala de bastante mala educación. Así que, sé que es una reacción totalmente irracional la mía (al fin y al cabo, el hombre había ido al acto de homenaje, aunque sólo fuera para saludar a sus amigos del partido y concejales -ahora el ayuntamiento de Almería es del PP-), pero lo cierto es que me cabreé un poco. Si estuviéramos en 1824, ese hombre -no ya ese hombre en particular, sino gente de su ideología- habría estado de acuerdo con el fusilamiento de los Coloraos, así que la situación no dejaba de ser irónica (y un poco hipócrita también). ¿Os imagináis que dentro de 100 años hay un monumento a la gente que recibió palizas en las acampadas del 15M; y que lo homenajean personas pertenecientes a un partido heredero directo del PPSOE? (Uf, me han dado escalofríos conforme lo escribía, espero que dentro de 100 años las cosas hayan cambiado lo suficiente).

Total. Salieron los concejales y el alcalde del ayuntamiento, pusieron las coronas de laurel y la banda empezó a tocar. Tras el himno de Riego, alguien gritó el consabido y siempre esperado “¡Viva la República!”, ante el que media plaza rugimos “¡Viva!”. Las autoridades permanecieron impasibles como siempre, como si no hubieran oído nada.

Cuando acabó el acto y todos abandonamos la plaza, todavía seguí escuchando conversaciones. Una anciana estaba contando que de joven, durante la dictadura, la habían humillado cortándole el pelo. “Pero ni me callé entonces ni me voy a callar ahora” dijo, casi con fiereza. “Por eso vengo todos los años, para gritar lo que quiero gritar”.

Vivimos en un país que se cae a pedazos, pero a veces escuchas cosas así y te das cuenta de que en él todavía hay gentes grandes. Por eso, yo también volveré todos los años.

Se acercan elecciones

25 Abr

En menos de un mes tenemos encima las elecciones municipales. Esas en las que siempre acabamos oyendo a alguien decir: “no, si lo importante en estas elecciones son las personas que se presentan, no el partido”, “le votamos a fulanito porque conocemos a su familia de toda la vida, y da igual el color político”… o, peor: “es que voto a tal partido porque tengo amigos dentro que me darán trabajo cuando estén en el Ayuntamiento”. Como es bien sabido, este fenómeno se da sobre todo en ciudades pequeñas y en pueblos. No faltan los que dicen “es que mira qué bonita está la ciudad ahora, y cuánto ha mejorado en estos cuatro años” (sí, bueno, o mejor dicho en los dos últimos meses, que es cuando se han inaugurado placitas, fuentes y rotondas por doquier). Vamos, gente que gustosamente acabaría votando a Falange Española, por poner un ejemplo, si garantizara para ya mismo el ansiado soterramiento en Almería o pusiera en el Paseo unos bancos y unas farolas super bonitas, por seguir diciendo chorradas. Afortunadamente estos últimos ciudadanos no abundan mucho, o eso quiero creer.

Pues eso. Que votemos bien, reflexivamente y conociendo y teniendo en cuenta el ideario del partido que elijamos (que sí es importante, el candidato forma parte de él y no es un ente aislado), que al fin y al cabo es por el que queremos ser representados. Es decir, que hagamos todo lo contrario de la viñeta de arriba, que por cierto está sacada del libro “Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho”, de Carlos Fernández Liria y otros. Las ilustraciones son de Miguel Brieva. Un libro genial, de esos que todo el mundo debería leer.