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El grado justo de humedad

9 Abr

Vivo en Granada desde hace ya unos diez años y los dioses saben que adoro esta ciudad. No me importaría acabar aquí mis días, sigo teniendo a un paso la ciudad donde empecé a vivirlos y, entretanto, es un placer gastarlos aquí. Pero.

Siempre hay un pero, por ínfimo que sea.

Por haber visto la luz en una ciudad costera, y haber vivido allí hasta la edad adulta, hay cierta característica atmosférica que inevitablemente encuentro a faltar en este lugar. La humedad en el aire, una cosa tan pequeña pero que parece mentira que se pueda notar tanto, especialmente cuando regreso tras pasar un tiempo en Almería. El pelo, la piel, todas las mucosas de mi cuerpo. Despertarme varias veces en medio de la noche para beber agua, y calmar así la quemazón de la garganta. Al cabo de unos días el organismo se acostumbra y todo vuelve a normalizarse, pero hay una parte de mi cuerpo que, con testarudez extrema, se niega a adaptarse: las manos.

Siempre secas, los nudillos en invierno entre rojos y violáceos. Más de una vez, incluso este año, que apenas ha hecho frío, se me han abierto esas pequeñas bocas que sangran y que escuecen tanto, los sabañones. Sucede cuando la piel se reseca tanto que no da para más, deja de ser elástica y se rinde. Y, mientras tanto, yo probando una crema detrás de otra sólo para descubrir que nada sirve.

Hasta que la semana pasada adquirí una nueva en la farmacia, de avena y urea. Y el efecto ha sido tan sorprendente que lo único que he podido hacer ha sido cerrar los ojos y archivarlo en mi colección de recuerdos de perfecta felicidad doméstica. Y dar las gracias mentalmente a los compañeros farmacéuticos que mezclaron en las proporciones perfectas agua, urea, glicerina y un puñadito de excipientes destinados a crear consuelo y confort para mis pobres manos castigadas. Algo que parece tan tonto, que no es ni por asomo tan espectacular como curar de verdad a alguien, pero que únicamente pueden hacer personas de mi gremio y que también es necesario. Así que, como digo, hoy he sentido agradecimiento hacia mi profesión por devolverme una serie de cosas que no son básicas pero que hacen la vida más agradable. El tacto, la caricia y la memoria de mi ciudad junto al mar.

Cremitas y afeites

20 May

cremaTodavía no sé muy bien por qué acepté cuando en la farmacia me ofrecieron hacerme una limpieza facial gratis, con lo perezosa que he sido siempre para estas cosas. Me pillaría floja, supongo. El caso es que dije que sí, me dieron cita y ahora mismo acabo de llegar a casa después de pasar por manos de la esteticista, o lo que sea. Ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida.

Llego, paso a la rebotica y la buena mujer me recibe. Mientras me da dos besos me pregunta mi nombre y al decírselo se le ilumina la cara “¡Anda! Mi hija también se llama Virginia”. Luego, mientras me tumbo en la camilla, me pregunta mi edad y se sorprende, me dice que parezco cuatro o cinco años menor. Toda la vida me ha pasado lo mismo, pero ahora me empieza a gustar la equivocación, así que perfecto. Hasta este momento, todavía me caía medio bien.

– Y cuéntame, ¿por qué te pusieron Virginia? Por tu edad, me estoy imaginando que por lo mismo que yo se lo puse a mi hija: cuando yo era joven daban una telenovela que me encantaba y la protagonista se llamaba así.

– No, en mi caso es un nombre familiar. Mi bisabuela se llamaba Virginia, y ya vamos por la cuarta o quinta generación, creo.

– ¿Ah, sí? ¿Y no sabes que es malísimo repetir nombres en la familia? ¿Has oído hablar de la biodescodificación?

– No.

– Pues si te interesa, búscalo.

–…

Vale, señora. Mira que me temía que era una chorrada de las buenas, pero soy curiosa y no he podido evitar buscarlo (supongo que por eso me dedico a la investigación). El InMundo, ese medio de reconocido rigor periodístico, me da por fin las claves. Oh, cielos. Mis peores temores se confirman: soy una hoja vieja, estoy viviendo un destino que no me pertenece. No obstante, logro sobreponerme a la terrible conmoción y seguimos hablando:

– ¿Quieres que te ponga una mascarilla? Te iría genial, son sólo 4,90€.

– No.

He bajado a la farmacia jurándome que no iba a dejar que me vendieran nada, y ahora no acepto por dos motivos: por principios y porque por 4,90€ me puedo tomar una caña con su correspondiente tapa y un helado, que seguro que me sientan muchísimo mejor. A la señora, de todas formas, no le ha debido hacer mucha gracia mi respuesta, porque empieza a tirarme pullitas:

“Ya tienes una edad como para empezar a cuidarte la piel en serio”.

“Mira qué flácida la tienes (mientras me tira de los mofletes). Es una pena, está muy envejecida y te echa años encima.” Sí, fíjate si debe ser así que al conocerme has pensado que era más joven de lo que soy, desequilibrada.

– ¿Qué crema utilizas?

– Una hidratante, normal –que me echo de higos a brevas, cuando me acuerdo o cuando me noto la piel muy tirante, pero eso no se lo voy a decir.

– Sí, ¿pero cuál? ¿De qué casa?

– …una del Mercadona.

– ¡Del Mercadona! – está horrorizada, creo que me va a echar a la calle – Pero al menos te desmaquillarás todos los días, ¿no? ¿Utilizas tónico? Eso es muy importante.

Le aseguro que cuando me maquillo, lo que ocurre raras veces, sí. Me callo que el desmaquillante y el tónico también son de Mercadona, porque me da miedo que antes de echarme a la calle me tire de la camilla y me escupa cuando esté en el suelo.

“Bueno, Virginia, pues cuando empieces a cuidarte la piel en condiciones tendrás una piel en condiciones” (y no como ahora, que da asco).

– ¿Y cuándo fue tu última limpieza?

– Ehh… ¿nunca?

Se queda mirándome seria, muy seria… y al final me contesta:

– ¿NUNCA? ¿Y tú quieres estar guapa y tener una piel radiante? (porque no lo estás consiguiendo, querida).

En fin, es una suerte que no sea mi objetivo principal en esta vida, ¿eh?

Por último, me aprieta un aparato que emite pitidos (parecido a un bolígrafo) contra distintos puntos de la cara. Lee el numerito que sale en la pantalla y me da el diagnóstico: tengo la piel FA-TAL, como ya sabíamos, y todo por mi culpa, por no ser una señorita y no cuidármela como se debe. Sin embargo, también hay buenas noticias para mí: a pesar de lo que la maltrato, mi piel también es muy agradecida y aún estoy a tiempo de desacelerar el inexorable proceso que me llevará a la senectud prematura y me condenará a la invisibilidad por no ser bella. Sólo tengo que aplicarme frecuentemente una crema que me recomienda, de una conocida casa comercial:

– Si quieres te puedo decir el precio, seguro que no es mucho más cara que esa que te echas tú, que es como si tiraras el dinero. ¿Qué te cuesta, diez euros?

– Seis.

–… ¿Y de verdad te crees que una crema de seis euros es efectiva? –está muy seria otra vez.

Pues mira, aquí le doy la razón: no, no creo que una crema de seis euros sea la maravilla de las maravillas. Pero tampoco una de veinte. De hecho, no creo que se diferencien una cosa loca: es la ventaja de ser farmacéutica y haber realizado tus propias cremas en el laboratorio de galénica, que te vuelves bastante escéptica con los productos milagro y de belleza en general. Pero eso tampoco se lo digo, que todavía me voy a mi casa apaleada. Así que le doy las gracias por su tiempo y sus consejos, y me marcho.

Y quitando lo gracioso, la verdad es que me voy preocupada. ¿En qué tipo de sociedad vivimos, que nos obliga a las mujeres a mantenernos jóvenes y guapas y nos recrimina si no lo hacemos? ¿En qué momento hemos empezado a normalizar esta presión, incluso por parte de otras mujeres? ¿No sería más lógico que entre nosotras nos cuidáramos y nos defendiéramos? Por suerte a mí estas situaciones siempre me han resbalado bastante, pero ¿cómo de angustiadas saldrán otras chicas después de esta limpieza “gratuita”?

Y es importante cuidarse la piel, claro que sí, por salud y bienestar. Pero cuando empieza a rayar en la obsesión por “estar guapa y radiante”, tenemos un problema. O al menos a mí me lo parece.

Senderismo: de Bubión a Pórtugos

9 Nov

Una ruta que os recomiendo encarecidamente (a los pocos que me lean, porque Google me ha penalizado seriamente desde que cambié el nombre del blog y ya no recibo visitas) es la que va desde Bubión hasta Pórtugos, atravesando el área del río Bermejo. Ayer estuve allí con el autor del extinto blog “Jocosidades licenciosas”, que si lo conocéis no necesita presentación y si no lo conocéis es una pena y además os habéis perdido una web muy curiosa. A las 9.30 de la mañana cogimos el autobús fletado por el centro de actividades deportivas y tras una hora y media de camino llegamos a Bubión, listos para comenzar la excursión encuadrada en el ciclo “Recorridos de baja montaña”. Lo primero que nos comentaron los guías de la ruta es que no habría zonas llanas, sino que consistiría en subir sin parar hasta comenzar la bajada. Dicho lo cual, a caminar.

Tengo que confesar que la salida no comenzó de la mejor forma posible para mí. Pasé un rato regulero en la subida, que era muy empinada desde el principio y que empecé a un ritmo demasiado intenso para mi (aún) churri-forma física. La belleza de la montaña y la ausencia me golpearon a la par y acabé pensando más de la cuenta, agobiándome progresivamente por un peso que no era el de la mochila. Por suerte al poco tiempo la pendiente dejó de ser tan abrupta (o por lo menos dejó de parecérmelo) y el sol empezó a dejarse ver un poco más, aunque afortunadamente siguieron quedando jirones de nubes debajo de nosotros. Me encantan las nubes bajas. Para cuando comenzamos el descenso y vimos Pórtugos a lo lejos por primera vez ya estaba más que recuperada.

Pórtugos, chiquitito y blanco

Pórtugos, chiquitito y blanco

Comimos en el merendero de la Junta de los Ríos, en una parada más larga de lo que nos habría gustado pero en un sitio precioso, junto a la cascada de Tajo Cortés.

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Luego proseguimos la bajada, que ahora transcurría por un senderillo encajonado entre árboles, con el suelo sembrado de bellotas y nueces. Pasado un rato comenzó a cambiar la vegetación para dar paso al verde vivo de un castañar. El rumor de la acequia y el ruido grave y lejano de los cencerros de los rumiantes creaban una atmósfera mágica que ya no nos abandonó hasta que entramos en el pueblo, siguiendo el aroma del humo de leña.

Pórtugos es un pueblo precioso, pintoresco y tranquilo. Bebimos su agua ferruginosa en la Fuente de Agua Agria que hay bajo la ermita de la Virgen de las Angustias, y lo hicimos directamente del caño más amargo de los cinco (el de la derecha del todo). Después nos acercamos a curiosear el puesto gastronómico que tenía una señora junto a un merendero cercano. Compré una bolsita de higos secos alpujarreños, y nos llamó la atención una sección dedicada exclusivamente al cáñamo. Se ofertaban cañamones y cogollos “para fumar, cocinar y tomar en ensaladas” mediante reclamos como “no coloca, clarifica” y ” no es droga, es cultura”. Hoy he estado investigando un poco y he descubierto que por allí tienen una sociedad cooperativa que aboga por recuperar las plantaciones de cáñamo en la Alpujarra, Alsativa. La página web la tienen un poco desactualizada, pero imagino que continuarán. En cualquier caso es curioso cuanto menos. No compré nada, pero en la próxima ocasión que vuelva algo habrá que probar.

Por último, bajando por unas escaleritas desde el merendero descendimos hasta un manantial casi oculto, el Chorrerón. El hierro del agua ha teñido las paredes y el suelo de un color naranja rojizo, que contrasta con el exuberante follaje que coloniza todo.  Un sitio muy especial, y sin duda todo un regalo para acabar el día.

Como decía, merece mucho la pena pasar por aquí. A nosotros nos encantó.

(*) No conseguí hacer una foto decente del Chorrerón, así que la de derecha no es mía: la he tomado prestada del blog “Senderismo por Cádiz” (y por más sitios, como podréis comprobar si lo leéis…los viajes de este señor dan mucha envidia sana), concretamente de esta entrada. Un blog muy chulo y muy currado. Por supuesto, espero que su autor se ponga en contacto conmigo para que la retire si no le parece bien 🙂

Las minas de oro de Granada

19 Oct

Esta mañana he estado con Mario de mini-excursión en la antigua mina de oro romana de Granada. Está muy cerquita de la ciudad, entre la Alhambra y Cenes de la Vega.

La caminata ha sido agradable, charlando sobre lo divino y lo humano mientras divisábamos a lo lejos la ligera neblina que cubría hoy la sierra y que no nos ha permitido ver el paisaje en su totalidad. La única parte peliaguda ha sido la ascensión de un tramo que no llegaría a los 200 metros de longitud pero que juro que estaba casi en vertical. La verdad es que no estaba pensado como camino, creemos que era una especie de cortafuegos o similar, pero allá que hemos ido nosotros. Me he tenido que parar como 4 ó 5 ocasiones y sentarme cada vez. Porque yo no tengo vértigo, pero hoy debía de tener el día un poco tonto y cada vez que me paraba tenía la sensación de que iba a salir rodando pendiente abajo. Me he acordado mucho de mi padre. Siempre que le contaba que había hecho alguna excursión, tipo Vereda de la Estrella, me decía que tendría que federarme para tener un seguro por si me pasaba algo en el monte, y yo siempre le contestaba que era un exagerado, que tampoco me pasaba la vida haciendo senderismo y que cuando lo hacía siempre era en sitios fáciles, aptos para familias. Hoy por poco me tengo que comer mis palabras, pero afortunadamente no ha habido que lamentar ningún percance 😛

Luego hemos llegado a la parte de la mina, que es impresionante. El paisaje, erosionado y lleno de galerías, crea la ilusión de estar en otro planeta. Un plus ha sido que Mario me ha ido contando la historia de su explotación, desde los romanos hasta los franceses. No hemos hecho fotos, pero podéis ver algunas muy bonitas aquí y de paso leer un poco sobre el tema.

Para almorzar hemos tomado un cuscús riquísimo que había hecho Mario, sentados a la sombra de unos pinos. Me ha encantado el día. Y la culpa la tienen el susodicho, Granada y sus paisajes y el sol de mediados de octubre. Así que gracias =)

Adiós, 2012

28 Dic

estrella recortadaEn 2006 (qué barbaridad, cómo pasa el tiempo), justo en mi primer año de carrera, conocí en mi residencia universitaria a una chica a la que llamaremos B por conservar su anonimato, que no tengo ni idea de si le hará gracia aparecer en este blog mío. A pesar de no caernos muy bien al principio (hecho que disimulamos con mucha elegancia y que nos confesamos a los años), con el tiempo nos hicimos buenas amigas e incluso acabamos compartiendo piso.

Y a lo largo de los años…

…hemos hecho numerosos viajes.

…hemos redactado apuntes a cuatro manos de casi todas las asignaturas de la carrera.

…hemos compartido fiestas, jolgorios y confidencias.

…hemos tenido pequeñas discusiones por las labores domésticas.

…hemos comido cantidades ingentes de chocolate, palomitas y porquerías varias.

…hemos ido al cine casi de incógnito a ver películas de las que nos avergonzamos pero a las que no estamos dispuestas a renunciar.

…hemos llorado juntas en el cine y también cada una por su lado, cuando tocaba (creo que sobre todo yo, que siempre he sido más llorona). Y la otra siempre ha estado al pie del cañón para consolar.

…nos hemos asistido mutuamente en situaciones médicas, emergencias o no: acompañamiento en análisis de sangre, curas de heridas, viajes de urgencia al hospital. Incluso en hechos que al final no eran tan preocupantes como creíamos (“mira… no te asustes, pero creo que estás vomitando sangre”) ¬¬.

…hemos compartido lecturas, hemos arreglado el mundo con nuestras charlas, hemos aprendido de otros y después hemos tratado de transmitir esas enseñanzas.

…hemos esperado con auténtica ansiedad resoluciones del Ministerio.

…nos hemos reído hasta que se nos han saltado las lágrimas por las cosas más absurdas…

…y así podría seguir y seguir.

Y esta entrada, que probablemente será con la que despida este año 2012, se la quiero dedicar a mi amiga B porque no sé si dentro de poco tendré que despedirla a ella también. El camino que hemos escogido, el investigador, es un camino duro y arduo(*), y cuando se presentan buenas oportunidades hay que ir tras ellas. A ella se le ha presentado una en otra ciudad y ha probado suerte: pronto sabremos el resultado. Y aunque por supuesto que la echaré muchísimo de menos si finalmente se va, le deseo todo lo mejor. ¿Cómo podría no hacerlo? Es que a ver, con ella vi el último capítulo de Lost, sólo eso debería daros una idea de lo muy importante que ha sido -y es- B. Y también sabemos ambas que como finalmente Ian Somerhalder haga el papel de Christian Grey (soy consciente de que las visitas de este blog van a aumentar mucho después de escribir estos dos nombres, mejor para mí) correremos a reunirnos en la ciudad que sea para ir al cine, con el cuello de la gabardina subido para que nadie nos reconozca y a pesar de todo lo que hemos despotricado de los libros.

Pero suceda lo que suceda, sé que le irá bien.

Y te irá bien porque eres brillante, trabajadora y tendrás éxito allí donde vayas.

Millones de gracias por los años universitarios, esos que dicen que son los mejores y que sin ti no hubieran sido lo mismo. Y por muchísimas cosas buenas de mi vida que llegaron de tu mano.

Sabes que tienes casa en Almería, Granada y en cualquier lugar en el que haya un techo sobre mi cabeza.

Mucha, muchísima suerte. Todos tus amigos estamos cruzando los dedos, pero a la vez estamos convencidos de que sabrás sacarle partido a la situación final, sea la que sea.

Y feliz año 2013, claro. Y que venga cargado de éxitos para todos los que empezamos.

EDITO:  B me acaba de llamar para contarme que le han dicho que sí!! Ay, tengo mucha pena, pero a la vez me alegro un montón… Pero no voy a decir adiós, es un HASTA LUEGO =)

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(*) Y vaya que no, el tema de lo bien que nos hubiera ido si en primero de carrera nos hubiéramos buscado a un chavalillo apañado con farmacia también ha sido una conversación recurrente entre nosotras -en parte en broma, en parte en serio-, sobre todo en los momentos de mayor desesperación, tirones de pelo y caos y destrucción. Pero es que nosotras somos muy vocacionales, oye.

La lluvia en Granada

17 Nov

El día de hoy ha estado pasado por agua. Con tormenta incluida, con sus correspondientes relámpagos y truenos. Y yo llevo toda la tarde vagueando en el sofá, con series, libros, música y mantita. En tardes como ésta mi música también se vuelve lluviosa y melancólica (si es que a veces soy una moñas, qué queréis). Os dejo una muestra.

P.S. Odio a la gente que se dedica a transcribir la letra de las canciones en los vídeos de youtube (encima casi siempre con una fuente horrible, y en algunos casos sangrantes con faltas de ortografía- no sé si éste tendrá alguna, mi rabia es tan grande que no me he parado a mirarlo-). Mi odio se extiende a los que se dedican a coger una canción estupenda y fusilarla poniéndole un montaje de fotos cutre, cursi o vomitivo. ¿No pueden poner como imagen la puñetera carátula del disco y ya? Todavía lo de transcribir la letra lo entiendo para fines educativos como aprender el idioma (cosa que dudo sea la motivación principal de los que suben estos vídeos), pero incluso en ese caso youtube ofrece la magnífica opción de poder añadir subtítulos. Pero en fin, en youtube hay libertad (bueno, eso habría que matizarlo un poco) aunque en mi opinión esté reñida con el buen gusto. Y yo soy un poco cascarrabias y quejica, me acabo de dar cuenta al releer este párrafo (no os toméis al pie de la letra esta imagen que doy… en el fondo soy adorable).

P.S.2 Aunque me encante la lluvia, llevamos ya unos cuantos días y me da la impresión de que el mundo no volverá a estar seco nunca.   Y aprovechando un par de días de tregua que tuvimos (ayer y el anterior) puse una lavadora y por supuesto se me ha mojado toda la ropa. Que pare ya, por favor.

La Alhambra, 4 años después

20 May

El miércoles pasado estuve en la Alhambra: habían pasado 4 años desde mi última visita. Cuando llegué a esta ciudad, me hice una promesa: mientras viva en Granada, tengo que recorrer la Alhambra de tanto en tanto. Y es un sitio que me gusta tanto que no debería ser nada difícil de cumplir; pero desde la última vez ha pasado mucho tiempo y en ese tiempo han ocurrido muchas cosas.

La última vez que fui estaba a las puertas de mi andadura farmacéutica, en 2º de carrera. Hacía unos meses que había entregado un herbario confeccionado con primor en la asignatura de botánica, bregaba para recuperar la fisicoquímica de primero y creía que el final de la licenciatura estaba lejísimos. Hoy, después de hacer mis pinitos investigadores en el departamento de Microbiología y decidir que aquello del biodiesel no era lo mío, me encuentro arrimada al de Salud Pública, contentísima, acabando el máster y deseando tener la suerte de que una beca FPU me vincule formalmente. Pero antes de llegar hasta aquí hice las prácticas de fin de carrera, que para mí fueron un acontecimiento importante porque me reconciliaron con el mundo de la oficina de farmacia. Siempre había pensado que no quería eso bajo ningún concepto, pero al hacerlas descubrí que me encanta el contacto con la gente. Espero quedarme en la universidad, pero si finalmente eso no fuera posible sé que tengo otra puerta abierta que también me haría feliz, y eso es una suerte.

Las cosas para la gente que conozco también han cambiado mucho. Una chica estupenda, a la que no veo tanto que me gustaría, empezaba su residencia en aquella época y desde hace pocos días ya es una flamante médico de familia. Varios de mis compañeros de farmacia empiezan el FIR ahora. Mi hermano, que era un micaco, está a punto de entrar en la universidad (ánimo, Pablito). Tras algún Erasmus que otro, casi todos mis amigos han acabado sus respectivas carreras o están a punto. En lo que a amores se refiere, ha habido rupturas y creación de nuevas parejas, así como situaciones un poco más indefinibles. Algún amigo ha llegado hasta el Congreso. Otro se acaba de independizar, y lo primero que hizo en cuanto estuvo instalado fue invitarnos a merendar y poner su casa a nuestra disposición si lo necesitábamos, haciendo gala de esa generosidad enorme que le caracteriza. Creo que en general la vida no nos ha tratado del todo mal (por lo menos aún), y en los tiempos que corren eso también es una suerte.

Y es que, si hablamos de los tiempos que corren, el mundo también ha cambiado mucho desde entonces. Hace 4 años no eran muchos los que estaban familiarizados con eso de la prima de riesgo y las agencias de calificación, yo desde luego no. Evidentemente lo que tenemos encima no es una suerte, pero si nos empeñamos en ver algo positivo nos encontramos con la cantidad de gente que ha ido tomando conciencia, “despertando” y diciendo “basta” a lo largo de este tiempo. Algo que hacía falta, sin duda.

Por cierto que otra cosa buena del discurrir del tiempo son las personas nuevas que trae, o aquellas a las que te permite redescubrir. Son personas que te abren las puertas de su casa en la playa. Que discuten contigo apasionadamente sobre cualquier tema y te enriquecen. Que te convencen para hacer submarinismo con bombona, algo que no hubiera salido de ti en la vida. Que amplían tus conocimientos de cine. Que te enseñan a ser una buena epidemióloga. Que se prestan a que les saques sangre. Que en dos días organizan contigo un interrail y allá que os vais. Que te organizan rutas albayzineras en las que no dejas de aprender. Que te acompañan a exposiciones, a los comedores, a manifestaciones y a cualquier sitio. También a la Alhambra.

De todos los cambios buenos y malos de estos años, me quedo con la cantidad y calidad de la gente que quiero y que me quiere, nuevos y antiguos. Porque haciendo balance, en todos estos años no ha disminuido ni un poquito. Y eso, creo, es la mayor suerte de todas.

Mientras tanto, ajena a los cambios, la Alhambra permanece en su sitio inmutable y hermosa. Me pregunto qué cosas nuevas habrán sucedido en mi vida la próxima vez que camine por sus palacios y jardines.

Los malos humos

26 Oct

Por distintos motivos hoy estoy un poco que muerdo, así que cuidadín 😉

Esta mañana he ido caminando desde mi casa hasta la facultad de medicina. Como siempre, un poco más y me tengo que poner mascarilla anti-gas para poder salvar el trayecto respirando aire puro. El humo de los coches lo noto menos, porque yo voy por la acera y ellos por la calzada (aunque no por eso deja de joderme), pero el humo de los cigarros me mata. Aunque en fin, entiendo que se trata de la vía pública y no soy tan talibán como para sugerir que se prohíba fumar también en la calle, no va por ahí la cosa.

Las aceras de la avenida donde vivo no son muy anchas y siempre están muy concurridas. Juraría que más de la mitad de las personas con las que me cruzo van con un cigarrillo encendido, de forma que voy siempre envuelta en una neblina que me asfixia y me hace toser. Hay que sumar cuando paso al lado de una marquesina de autobús, donde muchísimos de los que esperan están también fumando, ahí en plan concentración. Me quedo con ganas de apagarles el cigarrillo en el ojo, pero me las aguanto, qué le vamos a hacer.

El factor clave que hace que las calles por las que camino sean un hervidero de gente (incluyendo a fumadores) es que en ellas se encuentran el Hospital Traumatológico (al lado de mi casa) y el San Cecilio (al lado de Medicina), y alrededor de los hospitales siempre hay mucho trasiego. Eso lo puedo comprender. Lo que no entiendo y me llena de estupor es el hecho de que también contribuyan al humo que respiro muchos médicos y trabajadores del hospital, que se paran a fumar a lo largo de toda la acera. Sin quitarse la bata. Ahí, con dos cojones.

Lo sé, lo sé. Los médicos, los enfermeros, los farmacéuticos, los fisios, los auxiliares… TODO el personal sanitario, por encima de ser personal sanitario, es persona (hasta yo : P). Y las personas nos caracterizamos por ser bastante incongruentes… porque en fin, hay que serlo para insistir en fumar después de la caña que te dan en la facultad con la nicotina, el alquitrán y el resto de porquería. Pero bueno, como digo somos seres humanos y nadie está a salvo de tener una pequeña adicción.

El problema es que, tal y como yo lo veo, cualquier sanitario tiene entre sus competencias la EDUCACIÓN SANITARIA, aparte de las labores puramente asistenciales. Y dime tú con qué cara les dices a tus pacientes que es mejor que dejen el tabaco si 5 minutos antes te acaban de ver fumando como un descosido en la puerta del hospital. Amigo mío, acabas de firmar tu sentencia para tener credibilidad cero. Porque la salud debe promocionarse con actos, no sólo con palabras. Jopé, que una cosa es que tu familia y tus colegas sepan que fumas y otra que le des ese “ejemplo” a tus pacientes (que te conocen únicamente como sanitario, no como persona).

Es como si ves a un bombero prendiéndole fuego tranquilamente a un árbol en la calle (asumimos que es bombero de verdad  -con su uniforme reglamentario- y que no viene de ninguna despedida de soltera). Seguramente te quedarías con cara de “¿¿cómorrr??”.

– Oiga, señor bombero, pero qué hace…

– Pues nada, ¿no lo ves? Que es mi descanso de media mañana, y a mí esto me relaja cantidad.

– Yaaa, pero… ¿por qué no quema papelitos en su casa? Que es, no sé, como menos peligroso…

– Que más quisiera yo que limitarme a eso, hijo, pero no puedo. Soy un poco pirómano y tal, me vienen las ganas y no puedo evitarlo, es donde me pille.

– Joder, pero es que encima hoy es un día de bastante viento. Se va a extender el fuego y el incendio de Roma va a ser chico al lado de éste.

– Mira, chaval, que no me des más la brasa. Si esto se me va un poco de las manos, llamo a mis compañeros que vienen con el camión cisterna y arreglado. Es que es increíble, ya no puedes ni emplear tu rato libre como quieras sin que venga a recriminarte el histérico de turno.

– …

Absurdo. Absurdo, absurdo, absurdo.

Pues eso. Que los sanitarios al menos podían quitarse la bata si es que van a fumar en la acera (lo que tampoco estaría mal a efectos de asepsia y esas cosas).

…Y qué bien se queda una después de desahogarse xDD

Resucitando a Carnot

11 Oct

Hace un momento, y después de muchísimos meses, me ha dado por mirar mi Fotolog, que sigue en el ciberespacio porque no cerré la cuenta cuando dejé de escribir (una, que es sentimentaloide). Me gustaba mucho el fotolog y la verdad es que me dio bastante rabia cuando la gente empezó a sustituirlo con facebook y tuenti (sí, se que facebook coexistió con el fotolog y blablabla, pero la mayoría de mis amigos y conocidos-yo incluida-tuvimos la “evolución” de esta manera).

El fotolog me gustaba, como digo, porque al no existir la inmediatez ni las “prisas” de las actuales redes sociales (características que por otra parte son una ventaja, ojo, no digo que no, y gracias a eso han sido una herramienta muy útil en movimientos como el 15M, por ejemplo) la gente se curraba más lo que escribía. La brevedad no era un requisito del fotolog, te permitía extenderte y hablar de lo que te diera la gana. Por supuesto, eso te permitía profundizar en el conocimiento de personas de tu entorno que también escribían sobre lo que les daba la gana. En ocasiones te hacían reír, en otras te hacían pensar, y en otras te sorprendían bastante: leyendo lo que escribe una persona llegas a descubrirla como quizás no lo harías de otra forma, y eso mola : P Bueno, ahora tenemos los blogs, pero no es un fenómeno tan generalizado como lo fue el fotolog en su día. O eso creo, siempre remitiéndome a mi entorno como “muestra”: en esa época, prácticamente todos mis amigos y conocidos tenían fotolog, y ahora no todos tienen blog. Lectores, ¿vosotros tuvisteis fotolog? 😉

Total, que repasando entre las entradas antiguas me he encontrado con ésta y la recupero para el blog: es una historietilla que siempre me gustó. Así que resucito a Carnot, pero también resucito a mi tierno e inocente yo del pasado, que empezaba 2º de carrera a finales de 2007 xD. Con ellos os dejo.

“Como aún me dura el contento por haber aprobado el parcial de física, actualizo con algo que jamás hubiera puesto de haber suspendido 😛 

Se trata de una de las pequeñas biografías de físicos con las que nuestro profesor nos deleita durante alguna clase que otra, para hacernos más llevadera la termodinámica. Hoy, Sadi Carnot.

Recupero hasta la imagen del amigo

Este físico francés vivió en el siglo XIX y se considera el primer ingeniero de la Era Moderna. Hombre brillantísimo, planteó lo que hoy conocemos como “enunciados de Carnot” sobre máquinas térmicas, y calculó su rendimiento, algo que ha sido esencial no sólo para el desarrollo de la física, sino también para nuestra vida tal y como la conocemos. 

En fin, tras la breve introducción cuento lo que realmente me llamó la atención cuando lo dijo el profesor. Resulta que, por desgracia, Carnot murió a los 36 años (en 1832) durante una epidemia de cólera que asolaba Francia, dejando un montón de trabajos sin publicar. Por aquel entonces, la ley obligaba a que cuando alguien muriese por esta enfermedad se quemasen todas sus pertenencias: ropa, libros, muebles… Prácticamente todo lo que tuviese en su casa, para evitar el contagio. Como podéis imaginar, esta medida imposibilitaba que el trabajo de Carnot se pudiese publicar: debía ser quemado, como todo lo demás. 

Pero Carnot tenía unos amigos que, aunque no sabían ni una palabra de física, se daban cuenta de que él era una persona extraordinaria y genial. Así que entraron en su casa y “robaron” sus papeles para guardarlos y ponerlos a salvo, jugándosela doblemente (por un lado, estaban infringiendo la ley; y por otro, sabían que se estaban exponiendo a un posible contagio). Unos años más tarde, cuando ya tenían la seguridad de que no iban a levantar sospechas, los mandaron a lord Kelvin, en Inglaterra, que reconoció la importancia del trabajo de Carnot y lo publicó, por fin. Así es como ha llegado hasta nosotros. 

No sé lo que tendrá de leyenda y lo que no, pero me parece un relato precioso de amistad, valentía y lealtad. Cualidades tan importantes como la genialidad, en este caso, ya que completaron la obra del físico e hicieron posible que trascendiera.

Un beso!! 

P.D. Y para todos aquellos que estéis pensando que al final me meteré en el departamento de física… NO!! Jajaja :P”

P.D. No dejo el vínculo a mi fotolog porque me parece que ya es pasarse con el “remember”. Y de todas formas, si os empeñáis lo vais a encontrar xD

Sobre plantujas

7 Oct

Cuando era pequeña (hace una década o incluso más tiempo), un amigo de la familia me regaló un cactus pequeñito con forma de palmera, que se había traído de un viaje a Canarias. La plantita, que venía en un tiestecillo de esos de broma (por lo ridículo de su tamaño), con los años empezó a crecer salvajemente y tuvo que ser trasplantada innumerables veces, hasta llegar al macetón que ocupa ahora, por el momento. Actualmente ya es casi de mi altura, y en esta época del año es cuando comienzan a salirle nuevas hojas y a formarse troncos nuevos. Cuando le da la gana, le salen flores amarillas, que acaban convirtiéndose en unas pelusas blancas con la semilla al final.

La susodicha

Total, que cumple todos los requisitos para considerarse “planta favorita de Virginia”: vistosa, bonita (a lo mejor no estáis de acuerdo, pero a mí me gusta y punto) y, sobre todo, fuerte como ella sola (tirando a inmortal). Ya te puedes olvidar de que existe durante temporadas, que no se seca (pocas cosas me deprimen más en este mundo que el que se me mueran las plantas, me hace sentirme una asesina).

Hará 2 ó 3 años, empecé a intentar que se reprodujera para llevarme una hijita suya a Granada. Pregunté al amigo que me la había regalado y me dijo que plantara las semillas esas de los pelos blancos, que era el modo idóneo, aunque no se acordaba de la época. Bien.  Planté las semillas en primavera, por si acaso. Las planté en invierno. En verano. En otoño. Las planté directamente recogidas de la planta materna, y también probé a plantarlas esperando un poco para que les salieran raicillas. Todas las tentativas acabaron exactamente igual: con una servidora mirando un tiesto con tierra durante dos semanas. Y encima, con fe (“pues parece que ahí ya a lo mejor asoma algo…”). Así soy yo: inasequible al desaliento y con un entusiasmo a prueba de bombas.

En fin, que acogiéndome al empirismo más elemental acabé decidiendo que igual el cactus no se reproducía por semillas, sino por esquejes. Pero claro, me daba pena mutilarle un brazo para hacer un ensayo de los míos, especialmente teniendo en cuenta el porcentaje de fracasos (100%. Superadlo, si podéis). Afortunadamente y cuando ya estaba asumiendo que mi planta jamás tendría descendencia, mi madre descubrió un lugar donde crecen hermanas suyas. Un jardín particular que pertenece a una farmacia, cosas de la vida. No diré exactamente cual por si la farmacéutica descubre el hurto, aunque no creo, porque me parece que tiene los cactus más descuidados que yo, que ya es decir. Crecen completamente salvajes.

Porque el resto ya os lo estáis imaginando. Con nocturnidad y alevosía, armada con unas tijeras y con una bolsa para guardar mi botín, me presenté allí de noche en compañía de mi madre, tan motivada como yo. Creo que somos un pelín peliculeras y que lo exageramos un poco (podíamos haberle pedido un par de esquejes a la farmacéutica y DE DÍA, como las personas normales; casi seguro que nos hubiera dicho que sí), pero la incursión tuvo su emoción, la verdad. Y además, hasta me sentía un poco justiciera: yo, una farmacéutica sin farmacia ni posibilidades de ponerla (ni ganas, en honor a la verdad) metiendo mano en el excesivo patrimonio de una colega más afortunada. Tenía todo el sentido del mundo, no me digáis xD.

Conclusión: esta vez he tenido éxito. Los palmerillas crecen a ojos vista varios centímetros de un día para otro, han echado hojas… Orgullosísima estoy de mis retoños, vaya. En breve me traeré uno a Granada, a ver si le doy color a mi terraza. Y mi planta grande, indemne.

Por cierto, lo que jamás he llegado a saber es el nombre del cactus, y mira que he buscado en internet y en distintas guías botánicas.  Si alguna vez llegáis a saberlo, acordaos de mí y decídmelo. A cambio, os puedo regalar uno xD